Comienza la cuenta atrás. Cumbre del Clima, 23 de septiembre de 2014, Nueva York

“Los países más vulnerables son los menos capaces de protegerse a sí mismos. También son los que menos contribuyen a las emisiones mundiales. Si no se toman medidas, pagarán un alto precio por las actividades de otros’’. Kofi Annan

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El Secretario General de la ONU Ban Ki-moon ha invitado a los líderes del mundo, desde el gobierno, las finanzas, los negocios y la sociedad civil, a la Cumbre del Clima que se celebra este 23 de septiembre en la ciudad de Nueva York.

El objetivo de esta cumbre es fomentar la voluntad política y movilizar la acción para llegar a un compromiso más ambicioso sobre las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero, así como crear dinámicas que faciliten e impulsen los cruciales acuerdos que deberán negociarse durante 2015 en la 21ª Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático en París y en el proceso de negociación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible tras el vencimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Aunque esta Cumbre no forma parte del proceso de negociación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en ella  los Jefes de Estado y de Gobierno tendrán la oportunidad de anunciar nuevas medidas a nivel nacional relacionadas con sectores de especial relevancia en el cambio climático como la financiación, la eficiencia energética, las energías renovables, la adaptación, la reducción del riesgo de desastres y la resiliencia, los bosques, la agricultura, el transporte, los contaminantes climáticos de vida corta o las ciudades. También se espera el anuncio de iniciativas conjuntas de gobiernos, empresas y organizaciones de la sociedad civil que podrían acelerar la adopción de medidas ambiciosas en estos y otros ámbitos.

Durante la Cumbre se celebrarán cuatro sesiones temáticas que pretenden fomentar los debates de alto nivel sobre cuestiones fundamentales para las medidas en relación con el clima:

  • La ciencia del cambio climático.
  • Los beneficios colaterales que reporta a la sociedad la adopción de medidas para combatir el cambio climático.
  • Por qué la adopción de medidas en relación con el clima favorece a los negocios y al crecimiento económico.
  • Opiniones de los más afectados por el cambio climático: los jóvenes, los pueblos indígenas, los habitantes de los pequeños Estados insulares en desarrollo y las mujeres, entre otros.

¿Qué puede pasar en la Cumbre del Clima?

Existe el peligro de que las medidas políticas significativas sean sustituidas por meras declaraciones grandilocuentes de buenas intenciones. El año pasado, en la cumbre de Varsovia, varias ONG, entre ellas WWF, Greenpace y Oxfam, abandonaron las negociaciones por falta de compromisos de los países participantes. Con ello, querían llamar la atención a los ciudadanos para que exijamos a nuestros gobiernos que avancen hacia compromisos ambiciosos en materia de reducción de emisiones, financiamiento equitativo para los países en desarrollo más vulnerables y el impulso a un acuerdo climático global jurídicamente vinculante.

En este sentido, las encuestas muestran que los habitantes de países ricos ven el cambio climático como una amenaza mucho menos inminente que aquellos que viven en países en desarrollo. La crisis económica parece haber reducido el interés por los temas ambientales. Hay personas que incluso consideran el problema del cambio climático como de imposible solución, lo que, junto a los ambiguos mensajes que recibimos de los dirigentes políticos genera sensación de impotencia y confusión.

Sin embargo la opinión pública no es estática y poco a poco va cambiando; en la actualidad podemos encontrar coaliciones contra el cambio climático en las que se han congregado, además de organizaciones no gubernamentales, líderes de empresas,  instituciones de investigación y grupos religiosos, entre otros. El pasado fin de semana, 20 y 21 de septiembre, ha tenido lugar  una movilización climática a nivel mundial (“día de acción global”), bajo el lema “¡Acción, no palabras!”, que ha congregado a cientos de miles de personas para pedir que se tomen las acciones necesarias para crear un mundo con una economía al servicio de la gente y el planeta. En otras palabras,  un mundo que esté a salvo de los estragos del cambio climático.

En realidad, ¿a quién afecta el cambio climático?

El cambio climático, no nos engañemos, afecta a todo el mundo, pero sin duda serán los más pobres los que sufrirán las más graves consecuencias. Por tanto, la lucha contra  el cambio climático debe venir acompañada también de medidas para proteger a los más vulnerables de sus efectos, de fenómenos que, como las olas de calor, las malas cosechas, las inundaciones o las sequías, se están intensificando, poniendo en peligro vidas y hogares. Según la Organización Mundial de la Salud cada año mueren más de 150.000 personas como consecuencia directa del calentamiento global. Existe un consenso generalizado al afirmar que el cambio climático es la principal amenaza para lograr erradicar la pobreza.Tenemos que ser conscientes de que el cambio climático es un factor anulador de libertad de acción; los países más pobres presentan una mayor concentración de los riesgos inmediatos y estos riesgos afectan de manera desproporcionada a estos países que son más vulnerables al impacto del cambio climático. Paradójicamente, los más vulnerables son los menos responsables del problema. Entramos en un círculo vicioso, en donde las desigualdades y la pobreza se traducen en que los más pobres tienen menor capacidad para reducir los riesgos , minimizar los impactos del cambio climático y adaptarse al mismo. Existen multiplicadores específicos del riesgo, entre los que se encuentran:

  • Menor productividad agrícola.
  • Mayor inseguridad en el acceso al agua.
  • Mayor exposición a inundaciones costeras y condiciones climáticas extremas.
  • Colapso de los ecosistemas.
  • Mayores riesgos para la salud.

Estos cinco impulsores de importantes retrocesos en el desarrollo humano no se pueden considerar de manera aislada. Ellos interactuarán unos con otros y con los problemas de desarrollo humano preexistentes, lo que impulsará una poderosa espiral descendente de procesos dinámicos y acumulativos de desventaja y desigualdad. Un incremento del riesgo y la vulnerabilidad que conlleva inevitablemente la amenaza sobre los medios de vida, la salud y la seguridad de las personas.

Responsabilidades, acuerdos, ¿soluciones?

Todos los países deberán adaptarse al cambio climático y trabajar por su mitigación, y es responsabilidad de los países desarrollados no sólo la obligación de detener las prácticas perjudiciales sino también la de compensar los daños causados (responsabilidad histórica). Los países del norte deben liderar esta lucha contra el cambio climático que debe ser equitativa y apoyar a los países con menos recursos en su derecho legítimo a un desarrollo sostenible -que requerirá inevitablemente de medidas para adaptarse y para minimizar su vulnerabilidad al impacto del cambio climático. Esta adaptación deberá realizarse garantizando siempre el respeto, la protección y la promoción de los Derechos Humanos bajo los principios de no discriminación, equidad de género, participación y rendición de cuentas.

La Cumbre del Clima debe apostar con valentía por una agenda transformadora que afronte las causas estructurales del cambio climático y la desigualdad que provoca y apueste de verdad por medidas contundentes para su desaceleración. Un cambio en el modelo de crecimiento que implicará cambios radicales en el enfoque de las políticas agrarias,  energéticas o de transporte —por mencionar algunas— a nivel global, pero especialmente de los países industrializados.

La falta de acción, de metas claras de reducción y, en definitiva, de voluntad política, es preocupante. Por ejemplo, la  financiación actual para la adaptación al cambio climático es demasiado pequeña, lenta y fragmentada. Y una de las claves para estar a la altura del desafío de la adaptación, según el informe del PNUD del 2007, pasaría por fortalecer la cooperación internacional y la coherencia de políticas dado que las consecuencias del cambio climático las sufrirán en mayor medida los colectivos más desfavorecidos.

A finales de 2015 deberá establecerse un nuevo acuerdo que marcará objetivos en la reducción de emisiones, y en la asistencia a los países más pobres y vulnerables a adaptarse a los efectos ya en marcha del cambio climático. Acuerdo decisivo que debe tener suficiente altura de miras y encaminarnos hacia la decarbonización progresiva de las economías, apostando por una transformación del modelo de desarrollo y de los patrones de consumo actuales, superando las barreras que algunos están poniendo y que pretenden evitar un acuerdo vinculante y ambicioso de lucha contra el cambio climático.

La Cumbre de Nueva York debería ser el comienzo de un cambio de rumbo. Comienza la cuenta atrás.

Guadalupe Hernández (Área Sectorial de Agua de ONGAWA) y Miquel Escoto (Área Sectorial de Energía de ONGAWA).

“Tú ya sabes lo suficiente. Yo también lo sé. No es conocimiento lo que nos falta. Lo que nos falta es el coraje para darnos cuenta de lo que ya sabemos y sacar  conclusiones”. Sven Lindqvis

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