¿Cómo incide el cambio climático en los derechos al agua y la alimentación?

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Los efectos, aun del todo desconocidos, del cambio climático se prevé que afectarán negativamente a la producción de alimentos y a la disponibilidad de agua, especialmente en las regiones más pobres del mundo, dado que se alterará profundamente el equilibrio natural y las condiciones de vida de las personas.

El agua y el suelo son dos factores fundamentales e inseparables ya que la calidad y disponibilidad de uno afectan al otro de manera indiscutible, fuertemente vinculados por la actividad agrícola. Se deben cuidar y prestar atención a los usos que se les dan a ambos recursos ya que un mal aprovechamiento del suelo, por ejemplo, podría implicar una mala calidad del agua en un tramo más bajo de la cuenca, es decir, una menor disponibilidad de agua para otros usos, y viceversa.

Actualmente hay numerosos retos a los que debe enfrentarse la sociedad humana, como son la limitación de recursos esenciales, la incertidumbre del alcance de los efectos del cambio climático, el imparable crecimiento demográfico, una mayor demanda de los productos agrícolas junto con el incremento de su precio y el problema de la seguridad alimentaria, entre otros muchos, y teniendo siempre presente el incremento imparable de la población humana.

Estas circunstancias afectan al sector agrícola, a quien le corresponde encontrar la forma de satisfacer las nuevas necesidades de producción alimentaria pero de una forma sostenible a largo plazo y que se adapte a las consecuencias del cambio climático y del crecimiento demográfico.

También hay que tener en mente que el sector agrícola contribuye al efecto invernadero, parte debido a su propia actividad y parte como consecuencia de la deforestación, ya que no se secuestra tanto CO2 al suelo como debería. Esta aportación se prevé que cada vez va a ser más importante si se sigue con la tendencia actual.

Una de las soluciones que se proponen para este problema de alcance global es la Agroecología, que pretende “mejorar la sostenibilidad de los agroecosistemas imitando a la naturaleza y no a la industria”. Para ello se basan en distintas medidas, que tienen como factor común la interconexión, la diversificación y la reutilización de los factores clave. Algunos ejemplos de estas prácticas son: reciclar los nutrientes y la energía de unos procesos a otros, integrar distintos cultivos con la cría de animales, diversificación de las especies vegetales y animales y centrar la atención en las interacciones que ocurren entre los distintos sistemas.

Con esto lo que se pretende es conseguir un máximo aprovechamiento de los recursos y desarrollar un sistema completo que se apoye en sí mismo, de modo que se busque la productividad de todo el conjunto y no solo de una parte, con poca dependencia de recursos externos.

Con estas medidas se podría alcanzar un sistema de producción agrícola sostenible en el que se usasen tecnologías más limpias de producción que requirieran menos recursos, que fuesen más eficientes energéticamente y donde la producción de residuos sea menor, ya que en un sistema interrelacionado los desechos de un proceso pueden ser las materias primas de otro (como ocurre por ejemplo con el abono animal usado como fertilizante de cultivos).

Por todo ello la agroecología también contribuye a garantizar el Derecho Humano a la Alimentación, y lo hace a través de los principios de:

  • Disponibilidad: Aumenta la productividad con nuevas técnicas.
  • Asequibilidad: Reduce la pobreza rural al reducir la dependencia de los recursos exteriores.
  • Adecuación: Mejora la nutrición de las personas al ofrecer una mayor variedad de nutrientes.
  • Sostenibilidad: Contribuye a la adaptación al cambio climático de las sociedades.

Para poder llevarse a cabo satisfactoriamente en sociedades con dificultades es necesario que se apoye en bienes públicos (como infraestructuras rurales), en la investigación agrícola, en el fortalecimiento de las organizaciones sociales y en una reorganización de los mercados de forma que tengan cabida los pequeños productores.

Todas estas prácticas agrícolas repercuten positivamente en el Derecho al Agua, ya que para mantener un sistema de producción agrícola sostenible y adaptado al cambio climático se ha de prestar atención al buen uso y optimización del agua, favoreciendo su máximo aprovechamiento y manteniendo una calidad aceptable para que sea utilizable por el siguiente miembro del ecosistema.

Carmen Sánchez, Área Sectorial de Agro de ONGAWA

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