Agua, alimentación y energía en la agenda post – 2015

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Hace algunas semanas os contaba algunas conclusiones de la jornada Jornada sobre el Nexo Agua – Alimentación – Energía que organizamos en ONGAWA. Vuelvo a retomar el tema ya que mis compañeros han elaborado una pequeña publicación de conclusiones realmente interesante.

Como os decía en aquella ocasión, aunque el contenido de la jornada no se correspondía al 100% con los objetivos de este blog (aquí el componente alimentación lo hemos sustituido por el cambio climático), hay ideas que creo no pueden faltar en este blog:

El agua, la alimentación y la energía son elementos que presentan fuertes interacciones entre sí. Al nivel más básico, es bien conocido que para producir alimentos se necesita agua y energía, que para bombear, tratar o depurar agua se necesita energía, o que producir energía requiere agua. A su vez, alimentos, agua y energía presentan un gran impacto en la satisfacción de las necesidades humanas básicas así como un fuerte impacto y dependencia de los ecosistemas. Todo esto hace necesario que su abordaje a todos los niveles (planificación, diseño e implementación de políticas y proyectos) se realice atendiendo a dichas relaciones.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) en la actualidad el sector agroalimentario supone del orden del 70% de las extracciones mundiales de agua dulce a lo largo de toda la cadena de producción, transporte y comercialización de alimentos. De forma análoga, la producción de alimentos supone el 30% del consumo global de energía, requerida para producir, transportar y distribuir los alimentos así como para el funcionamiento de los sistemas de regadío y la producción de fertilizantes.

Asimismo, la producción energética global representa del orden del 15% de las extracciones de agua, al ser esa necesaria tanto en la producción de energía hidroeléctrica como en otras modalidades de producción de energía que necesitan grandes cantidades de agua tanto en la extracción de materias primas como en su refinado, su enfriamiento, o, por ejemplo, para el cultivo y el procesado de la producción de los biocombustibles.

Inversamente también la energía es necesaria para el acceso al agua, tanto en el proceso de captación del recurso hídrico (por ejemplo, para el bombeo), como en el proceso de potabilización para su consumo (especialmente intensivo en el caso de la desalinización), en su distribución desde los lugares de producción a los de consumo o en el transporte y tratamiento posterior de aguas residuales.

A pesar de ser bien conocidas las interrelaciones entre los tres sectores no ha sido frecuente hasta ahora su análisis conjunto. Sin embargo, en el futuro próximo esta situación posiblemente no se pueda mantener debido a que la demanda de agua, alimentos y energía va a crecer en las próximas décadas, como consecuencia, entre otros, del crecimiento demográfico y urbano, los cambios en las dietas alimenticias o el crecimiento económico, mientras que la oferta tiene dificultades para aumentar porque en muchos casos está cerca de llegar a sus límites de sostenibilidad económica, social o ambiental, o se puede ver afectada por el cambio climático. Según las estimaciones de distintas agencias de Naciones Unidas y de la Agencia Internacional de la Energía:

  • La producción de alimentos deberá incrementarse un 60% de aquí a 2050.
  • Las extracciones mundiales de agua se espera que aumenten en un 55% en el año 2050.
  • El consumo mundial de energía se prevé que se incremente en un 50% en el año 2035.

Según la FAO estas previsiones suponen una clara amenaza para la degradación ambiental y para el bienestar de la población mundial, pues podrían incrementarse las actuales carencias globales en agua, alimentación y energía, que son muy elevadas, y la afección a los recursos naturales.

Las políticas adoptadas en el pasado ya no son una opción, pues han demostrado que son claramente insostenibles y han generado una gran desigualdad en el acceso al agua, la alimentación y la energía. Esto hace que el abordaje del nexo cobre especial relevancia, al permitir el desarrollo de políticas y acciones integradas o, cuando menos, coherente, que aseguren el bienestar de la población y la sostenibilidad del medio ambiente.

(…)

La interrelación entre el agua, la alimentación y la energía presenta enormes sinergias pero también diversos conflictos que deben ser tenidos en cuenta a la hora de planificar, diseñar o implementar políticas o proyectos, y que obliga a tomar decisiones difíciles entre objetivos contradictorios.

Los conflictos se producen, por ejemplo, cuando la producción de alimentos o de energía o el acceso al agua compiten por los mismos recursos naturales, y la expansión de un elemento impide o afecta al crecimiento o sostenibilidad de los otros. Como se ha expuesto anteriormente, la interrelación entre los tres elementos evidencia esta competencia.

Y cuando las decisiones se toman atendiendo a la mejora de uno solo de los tres elementos, los efectos sobre los otros pueden ser altamente negativos. Por ejemplo, las grandes infraestructuras hídricas se construyen persiguiendo la producción de energía o el abastecimiento de agua para usos agrícolas o urbanos, pero pueden comprometer fuertemente a los ecosistemas, los recursos hídricos y los sistemas alimentarios situados aguas abajo. Según un informe de la Comisión Mundial de Presas del año 2000, entre 40 y 80 millones de personas han sido desplazadas en todo el mundo por las presas, y millones de personas que viven aguas debajo de las mismas han visto sus medios de subsistencia seriamente dañados, y se ha puesto en peligro la productividad futura de sus recursos.

Otro ejemplo de conflicto se encuentra en los cultivos para producción de agrocombustibles, que se promueven con fines de generación de energía, pero compiten fuertemente con la producción de alimentos y la seguridad alimentaria, así como con el suelo o los recursos hídricos.

También el sistema agroalimentario actualmente vigente es una fuente de conflictos, ya que el incremento de la producción de alimentos bajo el modelo actual conllevará un aumento del uso de fertilizantes químicos, lo que requiere ingentes consumos de agua y energía, y la consiguiente emisión de gases de efecto invernadero procedentes de los combustibles fósiles empleados en estos procesos.

Estos y otros conflictos se deben muchas veces a que las decisiones sobre agua, alimentación y energía se definen atendiendo a grupos de interés con gran poder en cada uno de estos ámbitos, o porque se tienen en cuenta uno solo de los elementos sin atender a su efecto sobre los otros.

Por tanto, es necesario un cambio en el modelo actual de gobernanza del agua, la alimentación y la energía, incorporando un enfoque eficiente económica y ambientalmente, y que ponga en el centro de las políticas y acciones la mejora de los medios de vida de las personas y la sostenibilidad ambiental.

Jorge Castañeda Pastor, Responsable de Campañas y Comunicación Externa de ONGAWA

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