#CandidaturaSostenible

Lanzamos una ciberacción para pedir a los candidatos y candidatas a las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo que incorporen la sostenibilidad y la solidaridad en sus programas políticos.

Queremos que estos programas recojan compromisos concretos que hagan frente a los problemas locales y regionales poniendo a las personas en el centro de las políticas, trabajando para eliminar las desigualdades en lo local y en lo regional, pero sin olvidar a los que menos tienen a nivel internacional.

Entre otras, consideramos que es necesario promover las siguientes acciones:

  • Incrementar la Ayuda Oficial al Desarrollo municipal y autonómica, para contribuir a alcanzar el 0’7% de la Renta Nacional Bruta, a lo que se comprometieron en 2007 todos los grupos políticos en el Pacto de Estado contra la Pobreza, y que hacía referencia a todas las administraciones del Estado.
  • Impulsar campañas de concienciación ciudadana sobre pobreza y cambio climático.
  • Elaborar planes municipales y autonómicos con objetivos específicos de contribución local y regional para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible post – 2015 y la defensa de los Derechos Humanos y, en concreto, entre otras medidas:
  1. Establecer hojas de ruta locales y regionales hacia un escenario de cero emisiones de gases de efecto invernadero acordes con las recomendaciones científicas internacionales, basada en una transición regional hacia un modelo de producción y consumo sostenible, basado en las energías renovables y en el ahorro y la eficiencia.
  2. Apoyar la Iniciativa de Naciones Unidas “Energía sostenible para todos”, a través de la transferencia de recursos, conocimientos y tecnología para contribuir al acceso universal a servicios modernos de energía.
  3. Apoyar el mandato del Relator Especial de Naciones Unidas para el derecho humano al agua y saneamiento, con el fin de contribuir al logro del acceso universal al agua y al saneamiento para 2030 en línea con las metas de los futuros Objetivos de Desarrollo Sostenible desde un enfoque basado en los Derechos Humanos.
Las grandes decisiones que tenemos por delante no corresponden solo a los dirigentes mundiales, y dependen también de nuestra responsabilidad como ciudadanía, por ello es vital que exijamos a los partidos que sus programas recojan compromisos concretos.

¡Tuiteractúa!

 

 

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Día Mundial del Agua

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El día 22 de Marzo se celebra el Día Mundial del Agua pero actualmente sigue habiendo muchas desigualdades entre los países desarrollados y una gran parte de la población que vive en barrios marginales y zonas rurales empobrecidas sin acceso a agua potable.

Actualmente 748 millones de personas carecen de acceso a fuentes mejoradas de agua potable y 2.500 millones de personas que no tienen acceso a servicios de saneamiento.

¿Qué podemos hacer desde los países desarrollados para conseguir que este derecho sea una realidad en TODO el mundo antes de 2030? ¿Seremos capaces de lograrlo?

Se cumplió el objetivo del milenio de reducir a la mitad para el 2015 la población de personas sin acceso sostenible al agua potable pero no a los servicios básicos de saneamiento. En 2010, 5 años antes de lo programado, se cumplió la meta de reducir a la mitad el porcentaje de personas sin acceso a una fuente mejorada de agua, sin embargo, las noticias no son tan esperanzadoras cuando nos referimos al saneamiento. En la actualidad aún existen 2.500 millones de personas que no disponen de acceso a un saneamiento adecuado y 1.000 millones aún defecan al aire libre.

Entre 1990 y 2012 más de 2.300 millones de personas lograron el acceso a una fuente mejorada de agua potable, según el informe de 2014 de las ODM publicado por Naciones Unidas, pero tenemos que tener en cuenta que los indicadores para el seguimiento de los objetivos de desarrollo del milenio actualmente vigentes lo están desde el 8 de Septiembre de 2013 por lo que la lista de indicadores elaborada utiliza diversos criterios no demasiados rígidos. En muchos países no se dispone de estadísticas fiables para realizar el seguimiento por falta de datos (por ejemplo encuestas patrocinadas y llevadas a cabo por organismos internacionales que no tienen en cuenta la cantidad de nacimientos y muertes; 230 millones de niños menores de cinco años que nunca han sido registrados, 33,3 millones de personas desarraigadas por violencia y por la persecución, etc.). Esto, junto con la calidad de la información, el cumplimiento de las normas metodológicas y la carencia de datos desglosados (por ejemplo la composición de regiones y subregiones de los ODM se basan en divisiones geográficas de Naciones Unidas que deberían tener algunas modificaciones que presenten análisis más adecuados) ponen en duda la contundencia de estos datos.

Pero debemos pensar y creer que esto tiene solución ¿Qué podemos hacer?

Por una parte, crear mecanismos vinculantes que comprometan a todos los países a diseñar y desarrollar políticas coherentes con los futuros Objetivos de Desarrollo Sostenible (no solo políticas de cooperación para el desarrollo, también fiscales, migratorias, comerciales).

Y, por otra, reivindicar el compromiso de los gobiernos y ayudar a las organizaciones que trabajan para conseguir este derecho. El año 2015 no es la línea de meta; tenemos que seguir haciendo esfuerzos para que en 2030 se consiga este objetivo ya que el derecho humano al agua y saneamiento es un derecho para todos y tiene implicaciones en un amplio rango de aspectos desde la reducción de mortalidad infantil, pasando por la salud materna, el combate de enfermedades infecciosas, la reducción de costes sanitarios y el medio ambiente.

Sumemos voluntades y esfuerzos, seamos una ciudadanía activa que se mueve, revindica, construye porque…”el rio se llena con Arroyos Pequeños” (Proverbio de tribu Bateke, África).

Marta Calzado, Área Sectorial de Agua de ONGAWA

Energía y género

La pobreza afecta a hombres y mujeres de manera muy desigual, especialmente en los países en desarrollo. Basta con entender que de los más de 1.700 millones de personas que viven en situación de pobreza, al menos el 70% son mujeres (Murguialday, 2014).

Debido a los roles tradicionales de la mujer, sobre ella recae gran parte de la carga de cuidados. La falta de acceso a la energía agrava esa carga para las mujeres de los países en desarrollo y con ello afecta a su salud, el desarrollo de sus capacidades y le imposibilita ejercer sus derechos en plenitud.

En los países en desarrollo la mayor parte del consumo de energía requerida para usos domésticos (cocción de alimentos, iluminación y calefacción) así como para la actividad agrícola de subsistencia, está en manos de la mujer. Pero la invisibilidad de estas tareas de cuidados en las grandes cifras que caracterizan una economía nacional provoca un grave sesgo de género que se da en la pobreza energética.

Las microempresas manejadas por mujeres (muy importantes para las economías de los hogares) tienden a necesitar energía por ejemplo para iluminar o para trabajos en artesanía. Actividades que generalmente se llevan a cabo de noche después de las tareas domésticas y agrícolas y en las que la falta de energía adecuada tiende a degradar la habilidad de la mujer para operar de forma segura y rentable sus actividades económicas.

El suministro de energía público y privado tampoco es neutral en los asuntos de género. Las mujeres usan la energía y la electricidad en tareas muchas veces distintas  que el hombre, pero a pesar de la gran responsabilidad de la mujer en el manejo de los recursos energéticos, sus necesidades no se ven representadas en los procesos de planificación y toma de decisiones sobre suministro en hogares y comunidades.

Sin acceso a fuentes de energías limpias y asequibles, las mujeres emplean horas para cocinar mientras inhalan humos y gases nocivos. Según la OMS las mujeres expuestas a estas condiciones en los hogares tienen tres veces más probabilidades de padecer neumopatías obstructivas crónicas que las que utilizan combustibles limpios. En la quema de biomasa, los humos y las cenizas están relacionados con enfermedades oculares y es potencial causa de accidentes debido al contacto directo con fuego.

Además, el abastecimiento de combustible depende tradicionalmente de mujeres y niñas por lo que serán las principales beneficiadas de la mejora de los servicios energéticos. El tiempo y el esfuerzo físico que invierten en esa actividad limitan sus capacidades para participar en actividades educativas, de desarrollo personal y de generación de ingresos.

Por otro lado, más allá del ámbito doméstico los centros de salud tampoco pueden dispensar atención sanitaria adecuada sin energía. Los dispensarios y hospitales que carecen de electricidad ven limitado el número de servicios que pueden ofrecer y la calidad de los mismos. Frecuentemente, la pobreza energética impide el acceso de las embarazadas a algunos servicios de atención prenatal que pueden salvar vidas. Y las cifras vuelven a hablar por sí solas: el 99% de todas las muertes durante el parto se producen en países en desarrollo con servicios de salud deficientes (IEA, 2013).

A pesar de todo lo anterior, las mujeres deben ser vistas no exclusivamente como víctimas de la pobreza energética sino como agentes de cambio. Posibilitar el acceso de las mujeres a servicios energéticos limpios y sostenibles para alimentación, iluminación y calefacción del hogar y con fines productivos tiene enormes beneficios sobre su salud y tiene consecuencias muy positivas sobre los niveles de empoderamiento de la mujer, su nivel de educación, nutrición y multiplica sus oportunidades económicas y su participación en actividades comunitarias.

Desde ONGAWA reivindicamos el necesario enfoque de género en la lucha contra la pobreza energética. Las mujeres deben tomar un papel activo en los programas de desarrollo y en particular en los relacionados con la energía y esta participación no sólo debe realizarse mediante la consideración y expresión de sus necesidades energéticas, sino que deben participar en los asuntos relacionados con la definición y gestión de los programas. E ir más allá de los roles de la mujer (centrados tradicionalmente en las necesidades domésticas) consiguiendo la participación de la mujer en ámbitos productivos y en los espacios de decisión públicos logrando una participación activa y equitativa de hombres y mujeres.

Miquel Escoto, Área Sectorial de Energía de ONGAWA

Consumo energético responsable: la clave para hacer frente al cambio climático

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La energía es el hilo de oro que une el crecimiento económico, la equidad social y un medio ambiente sano. El desarrollo sostenible no es posible sin energía sostenible

Ban Ki-moon, Secretario General de Naciones Unidas

La energía es la fuerza vital de la sociedad. De ella dependen la iluminación de interiores y exteriores, el calentamiento y refrigeración de los hogares, el transporte de personas y mercancías, la obtención de alimento y su preparación, el funcionamiento de todo tipo de industrias,… en definitiva, el desarrollo de un país.

Un siglo atrás, las principales fuentes de energía eran la fuerza de los animales y la de los hombres y el calor obtenido al quemar la madera. También se habían desarrollado algunas máquinas con las que se aprovechaba la fuerza hidráulica para moler los cereales o la fuerza del viento en los barcos de vela o los molinos de viento. Pero la gran revolución vino con la máquina de vapor, y desde entonces, el desarrollo de la industria y la tecnología ha cambiado las fuentes de energía que mueven la sociedad. Ahora, el desarrollo de un país está ligado a un creciente consumo de energía procedente mayoritariamente de combustibles fósiles como el petróleo, carbón y gas natural.

Existe una gran diferencia entre el consumo de energía en los países desarrollados y en los que están en vías de desarrollo. Por ejemplo, el consumo residencial de electricidad de 791 millones de habitantes de África subsahariana (excluida Sudáfrica) equivale al consumo de los 19,5 millones del Estado de Nueva York, lo que supone una relación de 40 a 1. La mitad de la población mundial todavía obtiene la energía principalmente de la madera, el carbón vegetal u otros tipos de  biomasa.

En los países más desarrollados el consumo energético se ha estabilizado o crece muy poco, gracias al uso cada vez más eficiente del mismo, pero las cifras de consumo por persona son muy elevadas. En los países en vías de desarrollo, y especialmente en las economías en transición, el consumo energético por persona crece de forma continuada porque, para su progreso, necesitan incrementar su consumo de energía y la tecnología disponible no suele ser la más eficiente, debido a la falta de recursos.

Si a estos datos de consumo energético le sumamos el hecho de que las actividades relacionadas con la energía suponen el 80% de las emisiones de CO2 a escala mundial, tenemos una ecuación de difícil solución. La alta concentración de gases de efecto invernadero, CO2 principalmente, provoca cambios drásticos en el clima, alterando las temperaturas regionales, los regímenes de lluvia, incrementando la desertificación, alterando la agricultura, descongelando los casquetes polares e incrementando así el nivel del mar y causando inundaciones en las zonas costeras y continentales en todo el mundo.

Y aunque el efecto invernadero es producido tanto de manera natural como de manera artificial, la industrialización incrementa notablemente la acumulación de los gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Para tratar de hacer frente al cambio climático, parte de la comunidad internacional está intentando frenar el consumo mundial de petróleo y otros combustibles fósiles, con fuerte oposición de los lobbies del sector. Por otro lado, los países en vías de desarrollo están pidiendo, lógicamente, ayuda económica para afrontar medidas de mitigación de CO2, cambios en sus modelos de generación y consumo de energía, y las acciones necesarias para facilitar su adaptación al cambio climático.

En la actualidad se está viviendo un incremento del consumo energético mundial insostenible debido al crecimiento de la población ya un modelo de consumo de energía desenfrenado basado en combustibles fósiles. Y mientras tanto vemos cómo las predicciones acerca de las consecuencias del cambio climático acortan sus plazos.

Por tanto, es necesario que los países ricos transformen su modelo energético hacia otro más eficiente, con menor consumo per cápita y basado en energías renovables, es decir un modelo energético sostenible. Asimismo, deberán poner los medios políticos y económicos necesarios para que los países emergentes y en desarrollo incorporen tecnologías limpias.

Patricia García, Área Sectorial de Energía de ONGAWA

Agua, alimentación y energía en la agenda post – 2015

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Hace algunas semanas os contaba algunas conclusiones de la jornada Jornada sobre el Nexo Agua – Alimentación – Energía que organizamos en ONGAWA. Vuelvo a retomar el tema ya que mis compañeros han elaborado una pequeña publicación de conclusiones realmente interesante.

Como os decía en aquella ocasión, aunque el contenido de la jornada no se correspondía al 100% con los objetivos de este blog (aquí el componente alimentación lo hemos sustituido por el cambio climático), hay ideas que creo no pueden faltar en este blog:

El agua, la alimentación y la energía son elementos que presentan fuertes interacciones entre sí. Al nivel más básico, es bien conocido que para producir alimentos se necesita agua y energía, que para bombear, tratar o depurar agua se necesita energía, o que producir energía requiere agua. A su vez, alimentos, agua y energía presentan un gran impacto en la satisfacción de las necesidades humanas básicas así como un fuerte impacto y dependencia de los ecosistemas. Todo esto hace necesario que su abordaje a todos los niveles (planificación, diseño e implementación de políticas y proyectos) se realice atendiendo a dichas relaciones.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) en la actualidad el sector agroalimentario supone del orden del 70% de las extracciones mundiales de agua dulce a lo largo de toda la cadena de producción, transporte y comercialización de alimentos. De forma análoga, la producción de alimentos supone el 30% del consumo global de energía, requerida para producir, transportar y distribuir los alimentos así como para el funcionamiento de los sistemas de regadío y la producción de fertilizantes.

Asimismo, la producción energética global representa del orden del 15% de las extracciones de agua, al ser esa necesaria tanto en la producción de energía hidroeléctrica como en otras modalidades de producción de energía que necesitan grandes cantidades de agua tanto en la extracción de materias primas como en su refinado, su enfriamiento, o, por ejemplo, para el cultivo y el procesado de la producción de los biocombustibles.

Inversamente también la energía es necesaria para el acceso al agua, tanto en el proceso de captación del recurso hídrico (por ejemplo, para el bombeo), como en el proceso de potabilización para su consumo (especialmente intensivo en el caso de la desalinización), en su distribución desde los lugares de producción a los de consumo o en el transporte y tratamiento posterior de aguas residuales.

A pesar de ser bien conocidas las interrelaciones entre los tres sectores no ha sido frecuente hasta ahora su análisis conjunto. Sin embargo, en el futuro próximo esta situación posiblemente no se pueda mantener debido a que la demanda de agua, alimentos y energía va a crecer en las próximas décadas, como consecuencia, entre otros, del crecimiento demográfico y urbano, los cambios en las dietas alimenticias o el crecimiento económico, mientras que la oferta tiene dificultades para aumentar porque en muchos casos está cerca de llegar a sus límites de sostenibilidad económica, social o ambiental, o se puede ver afectada por el cambio climático. Según las estimaciones de distintas agencias de Naciones Unidas y de la Agencia Internacional de la Energía:

  • La producción de alimentos deberá incrementarse un 60% de aquí a 2050.
  • Las extracciones mundiales de agua se espera que aumenten en un 55% en el año 2050.
  • El consumo mundial de energía se prevé que se incremente en un 50% en el año 2035.

Según la FAO estas previsiones suponen una clara amenaza para la degradación ambiental y para el bienestar de la población mundial, pues podrían incrementarse las actuales carencias globales en agua, alimentación y energía, que son muy elevadas, y la afección a los recursos naturales.

Las políticas adoptadas en el pasado ya no son una opción, pues han demostrado que son claramente insostenibles y han generado una gran desigualdad en el acceso al agua, la alimentación y la energía. Esto hace que el abordaje del nexo cobre especial relevancia, al permitir el desarrollo de políticas y acciones integradas o, cuando menos, coherente, que aseguren el bienestar de la población y la sostenibilidad del medio ambiente.

(…)

La interrelación entre el agua, la alimentación y la energía presenta enormes sinergias pero también diversos conflictos que deben ser tenidos en cuenta a la hora de planificar, diseñar o implementar políticas o proyectos, y que obliga a tomar decisiones difíciles entre objetivos contradictorios.

Los conflictos se producen, por ejemplo, cuando la producción de alimentos o de energía o el acceso al agua compiten por los mismos recursos naturales, y la expansión de un elemento impide o afecta al crecimiento o sostenibilidad de los otros. Como se ha expuesto anteriormente, la interrelación entre los tres elementos evidencia esta competencia.

Y cuando las decisiones se toman atendiendo a la mejora de uno solo de los tres elementos, los efectos sobre los otros pueden ser altamente negativos. Por ejemplo, las grandes infraestructuras hídricas se construyen persiguiendo la producción de energía o el abastecimiento de agua para usos agrícolas o urbanos, pero pueden comprometer fuertemente a los ecosistemas, los recursos hídricos y los sistemas alimentarios situados aguas abajo. Según un informe de la Comisión Mundial de Presas del año 2000, entre 40 y 80 millones de personas han sido desplazadas en todo el mundo por las presas, y millones de personas que viven aguas debajo de las mismas han visto sus medios de subsistencia seriamente dañados, y se ha puesto en peligro la productividad futura de sus recursos.

Otro ejemplo de conflicto se encuentra en los cultivos para producción de agrocombustibles, que se promueven con fines de generación de energía, pero compiten fuertemente con la producción de alimentos y la seguridad alimentaria, así como con el suelo o los recursos hídricos.

También el sistema agroalimentario actualmente vigente es una fuente de conflictos, ya que el incremento de la producción de alimentos bajo el modelo actual conllevará un aumento del uso de fertilizantes químicos, lo que requiere ingentes consumos de agua y energía, y la consiguiente emisión de gases de efecto invernadero procedentes de los combustibles fósiles empleados en estos procesos.

Estos y otros conflictos se deben muchas veces a que las decisiones sobre agua, alimentación y energía se definen atendiendo a grupos de interés con gran poder en cada uno de estos ámbitos, o porque se tienen en cuenta uno solo de los elementos sin atender a su efecto sobre los otros.

Por tanto, es necesario un cambio en el modelo actual de gobernanza del agua, la alimentación y la energía, incorporando un enfoque eficiente económica y ambientalmente, y que ponga en el centro de las políticas y acciones la mejora de los medios de vida de las personas y la sostenibilidad ambiental.

Jorge Castañeda Pastor, Responsable de Campañas y Comunicación Externa de ONGAWA

El nexo agua-energía-cambio climático en la agenda post-2015

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A lo largo de diversos artículos de este blog se ha puesto de manifiesto el importante papel que juegan el agua, la energía y el cambio climático en el desarrollo de las personas y los pueblos. Tres elementos clave para lograr un desarrollo sostenible e inclusivo, cuya interrelación entre los mismos hace necesario un enfoque integral que lamentablemente ha brillado por su ausencia hasta la fecha. Repetimos una vez más las cifras de la vergüenza: actualmente 748 millones de personas viven sin acceso básico al agua y 1.300 millones sin acceso a la electricidad…

Recién estrenamos este nuevo año 2015 que va a suponer un año de cambio de paradigma en la agenda de desarrollo (¡esperemos que así sea!). A finales de año se deberán definir los objetivos de desarrollo que den continuidad a la lucha por erradicar la pobreza. A pesar de que los resultados de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (que han marcado el camino a seguir en los últimos 15 años) están lejos de ser los deseados, es también cierto que la situación de partida es, en cualquier caso, mejor que la que había en el año 2000.

Nos encontramos inmersos en un profundo debate sobre metas, modelos y enfoques de desarrollo humano y sostenible, desde la Conferencia Río +20 hasta el último informe del Secretario General de NN.UU., “El camino hacia la dignidad para 2030: acabar con la pobreza y transformar vidas protegiendo el planeta. Desde 2011 se habla de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de un horizonte temporal que pone fecha a este nuevo marco en discusión: 2030.

Pero, ¿qué papel deben jugar la energía y el agua en esta nueva agenda de desarrollo? ¿Cómo se abordará el problema del cambio climático y su relación con el agua y la energía y los ODS?

El papel del agua en el desarrollo y en la consecución de muchos derechos humanos (alimentación, salud,…) es un aspecto ampliamente reconocido desde hace muchos años. Igualmente, Naciones Unidas ha reconocido en numerosas ocasiones que el cambio climático supone una amenaza para el desarrollo humano y sostenible, incluso pudiendo desbaratar los avances conseguidos durante décadas. Por otro lado, la Asamblea General de NNUU se ha manifestado en repetidas ocasiones sobre la importancia de la energía sostenible como uno de los principales facilitadores de la erradicación de la pobreza y el desarrollo sostenible y un factor indispensable para mejorar el nivel de vida de las personas, de ahí que se impulsara el lanzamiento de la iniciativa Sustainable Energy for All, que ha supuesto una referencia en el proceso de reflexión post-2015. Se requieren importantes transformaciones en los sistemas energéticos para proveer energía asequible a las personas sin acceso, para satisfacer el rápido incremento de la demanda –especialmente en los países en desarrollo– y reducir el impacto del cambio climático: porque la transformación hacia sistemas globales de energía más eficientes y sostenibles es crucial para hacer frente al cambio climático, la mayor amenaza para la erradicación de la pobreza en la actualidad y en el futuro.

Naciones Unidas también subraya la vital importancia del nexo agua-energía y la interdependencia de estos dos sectores con otras áreas de desarrollo, especialmente en cuestiones de género.

En este contexto de reflexión y definición de una nueva agenda de desarrollo se creó un grupo de trabajo abierto para la definición de los ODS (Open Working Group on Sustainable Development Goals) que ha propuesto 17 objetivos de desarrollo para el nuevo marco post-2015, con 169 metas, ampliando notablemente el número de objetivos respecto a los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio actuales. De entre los objetivos propuestos se mantiene un objetivo específico sobre agua y saneamiento (objetivo 6: Garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua) con metas más ambiciosas, plantea un nuevo objetivo de acceso universal a la energía sostenible (objetivo 7: Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna) y otro nuevo objetivo específico sobre cambio climático (Objetivo 13: Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus impactos).

Por tanto, el agua, la energía y el cambio climático estarán, previsiblemente, incluidos en la agenda post-2015, y puede afirmarse que el éxito de los objetivos de desarrollo post-2015 pasará inevitablemente por servicios energéticos fiables, asequibles y sostenibles, por garantizar el acceso al agua segura, saludable y asequible, y por emprender una lucha sin excusas y sin dilaciones contra el cambio climático y sus efectos.

A pesar de la propuesta avanzada, los nuevos objetivos están todavía bajo discusión por lo que no deben entenderse como definitivos. De hecho, la mayor parte de la sociedad civil apuesta por metas más ambiciosas y específicas en materia de agua y energía para prevenir los peligros del cambio climático e insiste en la necesidad de hacer factibles estos cambios a través de marcos regulatorios e institucionales adecuados y a través de políticas coherentes y estables. Además, aunque el agua, la energía y el cambio climático estén en la agenda post-2015, aún no queda claro cómo se verán recogidas sus interacciones desde una perspectiva de las relaciones entre los tres elementos.

2015 será el año de las grandes negociaciones y aunque parece que el nexo agua-energía-cambio climático será mucho más protagonista que en los ODM, el debate sigue abierto y se debe seguir avanzando en el diálogo sobre cómo estos tres grandes factores clave deben reflejarse en la nueva agenda de desarrollo post-2015.

Miquel Escoto, Área Sectorial de Energía de ONGAWA

2014 – 2024: una década para impulsar la energía sostenible para todos

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Ante el panorama energético actual, que afecta tanto a personas como al entorno, las Naciones Unidas han declarado el período 2014 – 2024 como la Década de la Energía Sostenible para Todos.

Se entiende como “energía sostenible” aquélla que se produce y se usa de forma que apoye a largo plazo el desarrollo humano en el ámbito social, económico y ecológico. Es decir, es una energía no contaminante, accesible físicamente y asequible económicamente para la población, eficiente y con un suministro fiable.

Mientras que leemos estas líneas, 1.300 millones de personas viven sin electricidad, 2.700 en países en desarrollo dependen de la biomasa y en los países desarrollados millones de personas no pueden pagar los servicios energéticos a pesar de estar disponibles.

Si a esto añadimos que el acceso a la energía en los países desarrollados supone una inevitable precipitación al cambio climático, con las consecuencias que ello conlleva, resultan claramente justificados los objetivos de la iniciativa Energía Sostenible para Todos lanzada por las Naciones Unidas en 2011 y que cuenta con 3 objetivos para el año 2030:

  • Asegurar el acceso universal a servicios modernos de energía. Porque la falta de acceso a la energía y a servicios energéticos es un factor importante que repercute directamente en las actividades encaminadas a la erradicación de la pobreza.
  • Duplicar la energía renovable en el mix energético mundial. La actual proporción de fuentes de energía nuevas y renovables en la matriz energética mundial es aún muy baja (22% en 2013). Actualmente, 140 países tienen objetivos para modificar su matriz energética hacia un mayor peso de las renovables para incrementar la tasa del 43% que ha supuesto la capacidad de generación renovable instalada en 2013 frente a la capacidad total.
  • Duplicar la eficiencia energética, lo que se traduce en reducir la intensidad energética mundial en un 40%. Junto con el aumento del uso de energías renovables, el uso de tecnologías de alto rendimiento y menos contaminantes es clave para alcanzar el desarrollo sostenible.

Estos objetivos no aplican en la misma proporción a todos los países. Los países en desarrollo deberán centrarse prioritariamente en incrementar el acceso a la energía mientras que los desarrollados en mejorar la proporción de energías renovables y la tecnología para obtener mayor eficiencia, así como en apoyar tecnológica y económicamente las políticas y acciones necesarias para que los países en desarrollo alcancen sus objetivos.

Hablando de números, el Banco Mundial estima que la consecución de los tres objetivos definidos tendría un coste de entre 600 y 800 billones de dólares por año de los cuales, sólo 50 billones serían para asegurar el acceso a la energía y el resto para los objetivos de modificación del mix energético y mejora de la eficiencia.

Llegados a este punto, es preciso adoptar nuevas políticas, pues las actualmente en marcha no son suficientes para alcanzar los objetivos en 2030. Las estrategias han de estar centradas en las personas (acceso a la energía) y en la sostenibilidad ambiental, y será necesario también dar mayor apoyo a la investigación y desarrollo, así como a iniciativas normativas apropiadas y colaboraciones entre entidades públicas, ONG y privadas.

Actualmente ya se están replanteando las estructuras de financiación necesarias que permitan movilizar recursos estables y previsibles y transferir tecnología en condiciones aceptables para los distintos países.

Se trata de un reto de magnitudes extraordinarias que requerirá la movilización de enormes recursos en los próximos 10 años por parte de Estados y empresas. El objetivo final es involucrar a los gobiernos, al sector privado y a la sociedad civil para promover el acceso mejorado y sostenible a la energía para satisfacer necesidades básicas personales y domésticas, para garantizar el acceso a los servicios básicos, a actividades productivas para autoconsumo y actividades económicas para la generación de ingresos de forma accesible –física y económicamente– y ambientalmente sostenible.

La década 2014-2024 de la Energía Sostenible para Todos, promovida por las Naciones Unidas, es una buena oportunidad para dar un impulso a las políticas y medidas que es necesario realizar para conseguir los objetivos planteados para 2030. Esta declaración de intenciones de la ONU ha impulsado el debate energético y supone una clara referencia en el proceso de reflexión post – 2015 para la construcción de una nueva agenda de desarrollo. La energía empieza a ser un factor importante en los más altos foros de discusión sobre desarrollo poniendo de relieve la importancia de la energía no sólo como un objetivo de desarrollo, sino también como un elemento facilitador de, en otros, el acceso al agua, la seguridad alimentaria, la salud, la educación, la productividad y la sostenibilidad medioambiental.

El éxito de la década 2014 – 2024 dependerá de que gobiernos, organismos internacionales, empresariales y sociales trabajen coordinadamente y complementariamente para convertir las carencias y amenazas (carencia de acceso a energía, emisiones de CO2,…) en oportunidades (energías limpias y acceso a fuentes modernas de energía).

Comienza una década clave para la energía, para las personas, para el medio ambiente.

Patricia García y Miquel Escoto, Área Sectorial de Energía de ONGAWA