Consumo energético responsable: la clave para hacer frente al cambio climático

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La energía es el hilo de oro que une el crecimiento económico, la equidad social y un medio ambiente sano. El desarrollo sostenible no es posible sin energía sostenible

Ban Ki-moon, Secretario General de Naciones Unidas

La energía es la fuerza vital de la sociedad. De ella dependen la iluminación de interiores y exteriores, el calentamiento y refrigeración de los hogares, el transporte de personas y mercancías, la obtención de alimento y su preparación, el funcionamiento de todo tipo de industrias,… en definitiva, el desarrollo de un país.

Un siglo atrás, las principales fuentes de energía eran la fuerza de los animales y la de los hombres y el calor obtenido al quemar la madera. También se habían desarrollado algunas máquinas con las que se aprovechaba la fuerza hidráulica para moler los cereales o la fuerza del viento en los barcos de vela o los molinos de viento. Pero la gran revolución vino con la máquina de vapor, y desde entonces, el desarrollo de la industria y la tecnología ha cambiado las fuentes de energía que mueven la sociedad. Ahora, el desarrollo de un país está ligado a un creciente consumo de energía procedente mayoritariamente de combustibles fósiles como el petróleo, carbón y gas natural.

Existe una gran diferencia entre el consumo de energía en los países desarrollados y en los que están en vías de desarrollo. Por ejemplo, el consumo residencial de electricidad de 791 millones de habitantes de África subsahariana (excluida Sudáfrica) equivale al consumo de los 19,5 millones del Estado de Nueva York, lo que supone una relación de 40 a 1. La mitad de la población mundial todavía obtiene la energía principalmente de la madera, el carbón vegetal u otros tipos de  biomasa.

En los países más desarrollados el consumo energético se ha estabilizado o crece muy poco, gracias al uso cada vez más eficiente del mismo, pero las cifras de consumo por persona son muy elevadas. En los países en vías de desarrollo, y especialmente en las economías en transición, el consumo energético por persona crece de forma continuada porque, para su progreso, necesitan incrementar su consumo de energía y la tecnología disponible no suele ser la más eficiente, debido a la falta de recursos.

Si a estos datos de consumo energético le sumamos el hecho de que las actividades relacionadas con la energía suponen el 80% de las emisiones de CO2 a escala mundial, tenemos una ecuación de difícil solución. La alta concentración de gases de efecto invernadero, CO2 principalmente, provoca cambios drásticos en el clima, alterando las temperaturas regionales, los regímenes de lluvia, incrementando la desertificación, alterando la agricultura, descongelando los casquetes polares e incrementando así el nivel del mar y causando inundaciones en las zonas costeras y continentales en todo el mundo.

Y aunque el efecto invernadero es producido tanto de manera natural como de manera artificial, la industrialización incrementa notablemente la acumulación de los gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Para tratar de hacer frente al cambio climático, parte de la comunidad internacional está intentando frenar el consumo mundial de petróleo y otros combustibles fósiles, con fuerte oposición de los lobbies del sector. Por otro lado, los países en vías de desarrollo están pidiendo, lógicamente, ayuda económica para afrontar medidas de mitigación de CO2, cambios en sus modelos de generación y consumo de energía, y las acciones necesarias para facilitar su adaptación al cambio climático.

En la actualidad se está viviendo un incremento del consumo energético mundial insostenible debido al crecimiento de la población ya un modelo de consumo de energía desenfrenado basado en combustibles fósiles. Y mientras tanto vemos cómo las predicciones acerca de las consecuencias del cambio climático acortan sus plazos.

Por tanto, es necesario que los países ricos transformen su modelo energético hacia otro más eficiente, con menor consumo per cápita y basado en energías renovables, es decir un modelo energético sostenible. Asimismo, deberán poner los medios políticos y económicos necesarios para que los países emergentes y en desarrollo incorporen tecnologías limpias.

Patricia García, Área Sectorial de Energía de ONGAWA

Agua, alimentación y energía en la agenda post – 2015

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Hace algunas semanas os contaba algunas conclusiones de la jornada Jornada sobre el Nexo Agua – Alimentación – Energía que organizamos en ONGAWA. Vuelvo a retomar el tema ya que mis compañeros han elaborado una pequeña publicación de conclusiones realmente interesante.

Como os decía en aquella ocasión, aunque el contenido de la jornada no se correspondía al 100% con los objetivos de este blog (aquí el componente alimentación lo hemos sustituido por el cambio climático), hay ideas que creo no pueden faltar en este blog:

El agua, la alimentación y la energía son elementos que presentan fuertes interacciones entre sí. Al nivel más básico, es bien conocido que para producir alimentos se necesita agua y energía, que para bombear, tratar o depurar agua se necesita energía, o que producir energía requiere agua. A su vez, alimentos, agua y energía presentan un gran impacto en la satisfacción de las necesidades humanas básicas así como un fuerte impacto y dependencia de los ecosistemas. Todo esto hace necesario que su abordaje a todos los niveles (planificación, diseño e implementación de políticas y proyectos) se realice atendiendo a dichas relaciones.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) en la actualidad el sector agroalimentario supone del orden del 70% de las extracciones mundiales de agua dulce a lo largo de toda la cadena de producción, transporte y comercialización de alimentos. De forma análoga, la producción de alimentos supone el 30% del consumo global de energía, requerida para producir, transportar y distribuir los alimentos así como para el funcionamiento de los sistemas de regadío y la producción de fertilizantes.

Asimismo, la producción energética global representa del orden del 15% de las extracciones de agua, al ser esa necesaria tanto en la producción de energía hidroeléctrica como en otras modalidades de producción de energía que necesitan grandes cantidades de agua tanto en la extracción de materias primas como en su refinado, su enfriamiento, o, por ejemplo, para el cultivo y el procesado de la producción de los biocombustibles.

Inversamente también la energía es necesaria para el acceso al agua, tanto en el proceso de captación del recurso hídrico (por ejemplo, para el bombeo), como en el proceso de potabilización para su consumo (especialmente intensivo en el caso de la desalinización), en su distribución desde los lugares de producción a los de consumo o en el transporte y tratamiento posterior de aguas residuales.

A pesar de ser bien conocidas las interrelaciones entre los tres sectores no ha sido frecuente hasta ahora su análisis conjunto. Sin embargo, en el futuro próximo esta situación posiblemente no se pueda mantener debido a que la demanda de agua, alimentos y energía va a crecer en las próximas décadas, como consecuencia, entre otros, del crecimiento demográfico y urbano, los cambios en las dietas alimenticias o el crecimiento económico, mientras que la oferta tiene dificultades para aumentar porque en muchos casos está cerca de llegar a sus límites de sostenibilidad económica, social o ambiental, o se puede ver afectada por el cambio climático. Según las estimaciones de distintas agencias de Naciones Unidas y de la Agencia Internacional de la Energía:

  • La producción de alimentos deberá incrementarse un 60% de aquí a 2050.
  • Las extracciones mundiales de agua se espera que aumenten en un 55% en el año 2050.
  • El consumo mundial de energía se prevé que se incremente en un 50% en el año 2035.

Según la FAO estas previsiones suponen una clara amenaza para la degradación ambiental y para el bienestar de la población mundial, pues podrían incrementarse las actuales carencias globales en agua, alimentación y energía, que son muy elevadas, y la afección a los recursos naturales.

Las políticas adoptadas en el pasado ya no son una opción, pues han demostrado que son claramente insostenibles y han generado una gran desigualdad en el acceso al agua, la alimentación y la energía. Esto hace que el abordaje del nexo cobre especial relevancia, al permitir el desarrollo de políticas y acciones integradas o, cuando menos, coherente, que aseguren el bienestar de la población y la sostenibilidad del medio ambiente.

(…)

La interrelación entre el agua, la alimentación y la energía presenta enormes sinergias pero también diversos conflictos que deben ser tenidos en cuenta a la hora de planificar, diseñar o implementar políticas o proyectos, y que obliga a tomar decisiones difíciles entre objetivos contradictorios.

Los conflictos se producen, por ejemplo, cuando la producción de alimentos o de energía o el acceso al agua compiten por los mismos recursos naturales, y la expansión de un elemento impide o afecta al crecimiento o sostenibilidad de los otros. Como se ha expuesto anteriormente, la interrelación entre los tres elementos evidencia esta competencia.

Y cuando las decisiones se toman atendiendo a la mejora de uno solo de los tres elementos, los efectos sobre los otros pueden ser altamente negativos. Por ejemplo, las grandes infraestructuras hídricas se construyen persiguiendo la producción de energía o el abastecimiento de agua para usos agrícolas o urbanos, pero pueden comprometer fuertemente a los ecosistemas, los recursos hídricos y los sistemas alimentarios situados aguas abajo. Según un informe de la Comisión Mundial de Presas del año 2000, entre 40 y 80 millones de personas han sido desplazadas en todo el mundo por las presas, y millones de personas que viven aguas debajo de las mismas han visto sus medios de subsistencia seriamente dañados, y se ha puesto en peligro la productividad futura de sus recursos.

Otro ejemplo de conflicto se encuentra en los cultivos para producción de agrocombustibles, que se promueven con fines de generación de energía, pero compiten fuertemente con la producción de alimentos y la seguridad alimentaria, así como con el suelo o los recursos hídricos.

También el sistema agroalimentario actualmente vigente es una fuente de conflictos, ya que el incremento de la producción de alimentos bajo el modelo actual conllevará un aumento del uso de fertilizantes químicos, lo que requiere ingentes consumos de agua y energía, y la consiguiente emisión de gases de efecto invernadero procedentes de los combustibles fósiles empleados en estos procesos.

Estos y otros conflictos se deben muchas veces a que las decisiones sobre agua, alimentación y energía se definen atendiendo a grupos de interés con gran poder en cada uno de estos ámbitos, o porque se tienen en cuenta uno solo de los elementos sin atender a su efecto sobre los otros.

Por tanto, es necesario un cambio en el modelo actual de gobernanza del agua, la alimentación y la energía, incorporando un enfoque eficiente económica y ambientalmente, y que ponga en el centro de las políticas y acciones la mejora de los medios de vida de las personas y la sostenibilidad ambiental.

Jorge Castañeda Pastor, Responsable de Campañas y Comunicación Externa de ONGAWA

El nexo agua-energía-cambio climático en la agenda post-2015

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A lo largo de diversos artículos de este blog se ha puesto de manifiesto el importante papel que juegan el agua, la energía y el cambio climático en el desarrollo de las personas y los pueblos. Tres elementos clave para lograr un desarrollo sostenible e inclusivo, cuya interrelación entre los mismos hace necesario un enfoque integral que lamentablemente ha brillado por su ausencia hasta la fecha. Repetimos una vez más las cifras de la vergüenza: actualmente 748 millones de personas viven sin acceso básico al agua y 1.300 millones sin acceso a la electricidad…

Recién estrenamos este nuevo año 2015 que va a suponer un año de cambio de paradigma en la agenda de desarrollo (¡esperemos que así sea!). A finales de año se deberán definir los objetivos de desarrollo que den continuidad a la lucha por erradicar la pobreza. A pesar de que los resultados de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (que han marcado el camino a seguir en los últimos 15 años) están lejos de ser los deseados, es también cierto que la situación de partida es, en cualquier caso, mejor que la que había en el año 2000.

Nos encontramos inmersos en un profundo debate sobre metas, modelos y enfoques de desarrollo humano y sostenible, desde la Conferencia Río +20 hasta el último informe del Secretario General de NN.UU., “El camino hacia la dignidad para 2030: acabar con la pobreza y transformar vidas protegiendo el planeta. Desde 2011 se habla de Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de un horizonte temporal que pone fecha a este nuevo marco en discusión: 2030.

Pero, ¿qué papel deben jugar la energía y el agua en esta nueva agenda de desarrollo? ¿Cómo se abordará el problema del cambio climático y su relación con el agua y la energía y los ODS?

El papel del agua en el desarrollo y en la consecución de muchos derechos humanos (alimentación, salud,…) es un aspecto ampliamente reconocido desde hace muchos años. Igualmente, Naciones Unidas ha reconocido en numerosas ocasiones que el cambio climático supone una amenaza para el desarrollo humano y sostenible, incluso pudiendo desbaratar los avances conseguidos durante décadas. Por otro lado, la Asamblea General de NNUU se ha manifestado en repetidas ocasiones sobre la importancia de la energía sostenible como uno de los principales facilitadores de la erradicación de la pobreza y el desarrollo sostenible y un factor indispensable para mejorar el nivel de vida de las personas, de ahí que se impulsara el lanzamiento de la iniciativa Sustainable Energy for All, que ha supuesto una referencia en el proceso de reflexión post-2015. Se requieren importantes transformaciones en los sistemas energéticos para proveer energía asequible a las personas sin acceso, para satisfacer el rápido incremento de la demanda –especialmente en los países en desarrollo– y reducir el impacto del cambio climático: porque la transformación hacia sistemas globales de energía más eficientes y sostenibles es crucial para hacer frente al cambio climático, la mayor amenaza para la erradicación de la pobreza en la actualidad y en el futuro.

Naciones Unidas también subraya la vital importancia del nexo agua-energía y la interdependencia de estos dos sectores con otras áreas de desarrollo, especialmente en cuestiones de género.

En este contexto de reflexión y definición de una nueva agenda de desarrollo se creó un grupo de trabajo abierto para la definición de los ODS (Open Working Group on Sustainable Development Goals) que ha propuesto 17 objetivos de desarrollo para el nuevo marco post-2015, con 169 metas, ampliando notablemente el número de objetivos respecto a los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio actuales. De entre los objetivos propuestos se mantiene un objetivo específico sobre agua y saneamiento (objetivo 6: Garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua) con metas más ambiciosas, plantea un nuevo objetivo de acceso universal a la energía sostenible (objetivo 7: Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna) y otro nuevo objetivo específico sobre cambio climático (Objetivo 13: Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus impactos).

Por tanto, el agua, la energía y el cambio climático estarán, previsiblemente, incluidos en la agenda post-2015, y puede afirmarse que el éxito de los objetivos de desarrollo post-2015 pasará inevitablemente por servicios energéticos fiables, asequibles y sostenibles, por garantizar el acceso al agua segura, saludable y asequible, y por emprender una lucha sin excusas y sin dilaciones contra el cambio climático y sus efectos.

A pesar de la propuesta avanzada, los nuevos objetivos están todavía bajo discusión por lo que no deben entenderse como definitivos. De hecho, la mayor parte de la sociedad civil apuesta por metas más ambiciosas y específicas en materia de agua y energía para prevenir los peligros del cambio climático e insiste en la necesidad de hacer factibles estos cambios a través de marcos regulatorios e institucionales adecuados y a través de políticas coherentes y estables. Además, aunque el agua, la energía y el cambio climático estén en la agenda post-2015, aún no queda claro cómo se verán recogidas sus interacciones desde una perspectiva de las relaciones entre los tres elementos.

2015 será el año de las grandes negociaciones y aunque parece que el nexo agua-energía-cambio climático será mucho más protagonista que en los ODM, el debate sigue abierto y se debe seguir avanzando en el diálogo sobre cómo estos tres grandes factores clave deben reflejarse en la nueva agenda de desarrollo post-2015.

Miquel Escoto, Área Sectorial de Energía de ONGAWA

2014 – 2024: una década para impulsar la energía sostenible para todos

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Ante el panorama energético actual, que afecta tanto a personas como al entorno, las Naciones Unidas han declarado el período 2014 – 2024 como la Década de la Energía Sostenible para Todos.

Se entiende como “energía sostenible” aquélla que se produce y se usa de forma que apoye a largo plazo el desarrollo humano en el ámbito social, económico y ecológico. Es decir, es una energía no contaminante, accesible físicamente y asequible económicamente para la población, eficiente y con un suministro fiable.

Mientras que leemos estas líneas, 1.300 millones de personas viven sin electricidad, 2.700 en países en desarrollo dependen de la biomasa y en los países desarrollados millones de personas no pueden pagar los servicios energéticos a pesar de estar disponibles.

Si a esto añadimos que el acceso a la energía en los países desarrollados supone una inevitable precipitación al cambio climático, con las consecuencias que ello conlleva, resultan claramente justificados los objetivos de la iniciativa Energía Sostenible para Todos lanzada por las Naciones Unidas en 2011 y que cuenta con 3 objetivos para el año 2030:

  • Asegurar el acceso universal a servicios modernos de energía. Porque la falta de acceso a la energía y a servicios energéticos es un factor importante que repercute directamente en las actividades encaminadas a la erradicación de la pobreza.
  • Duplicar la energía renovable en el mix energético mundial. La actual proporción de fuentes de energía nuevas y renovables en la matriz energética mundial es aún muy baja (22% en 2013). Actualmente, 140 países tienen objetivos para modificar su matriz energética hacia un mayor peso de las renovables para incrementar la tasa del 43% que ha supuesto la capacidad de generación renovable instalada en 2013 frente a la capacidad total.
  • Duplicar la eficiencia energética, lo que se traduce en reducir la intensidad energética mundial en un 40%. Junto con el aumento del uso de energías renovables, el uso de tecnologías de alto rendimiento y menos contaminantes es clave para alcanzar el desarrollo sostenible.

Estos objetivos no aplican en la misma proporción a todos los países. Los países en desarrollo deberán centrarse prioritariamente en incrementar el acceso a la energía mientras que los desarrollados en mejorar la proporción de energías renovables y la tecnología para obtener mayor eficiencia, así como en apoyar tecnológica y económicamente las políticas y acciones necesarias para que los países en desarrollo alcancen sus objetivos.

Hablando de números, el Banco Mundial estima que la consecución de los tres objetivos definidos tendría un coste de entre 600 y 800 billones de dólares por año de los cuales, sólo 50 billones serían para asegurar el acceso a la energía y el resto para los objetivos de modificación del mix energético y mejora de la eficiencia.

Llegados a este punto, es preciso adoptar nuevas políticas, pues las actualmente en marcha no son suficientes para alcanzar los objetivos en 2030. Las estrategias han de estar centradas en las personas (acceso a la energía) y en la sostenibilidad ambiental, y será necesario también dar mayor apoyo a la investigación y desarrollo, así como a iniciativas normativas apropiadas y colaboraciones entre entidades públicas, ONG y privadas.

Actualmente ya se están replanteando las estructuras de financiación necesarias que permitan movilizar recursos estables y previsibles y transferir tecnología en condiciones aceptables para los distintos países.

Se trata de un reto de magnitudes extraordinarias que requerirá la movilización de enormes recursos en los próximos 10 años por parte de Estados y empresas. El objetivo final es involucrar a los gobiernos, al sector privado y a la sociedad civil para promover el acceso mejorado y sostenible a la energía para satisfacer necesidades básicas personales y domésticas, para garantizar el acceso a los servicios básicos, a actividades productivas para autoconsumo y actividades económicas para la generación de ingresos de forma accesible –física y económicamente– y ambientalmente sostenible.

La década 2014-2024 de la Energía Sostenible para Todos, promovida por las Naciones Unidas, es una buena oportunidad para dar un impulso a las políticas y medidas que es necesario realizar para conseguir los objetivos planteados para 2030. Esta declaración de intenciones de la ONU ha impulsado el debate energético y supone una clara referencia en el proceso de reflexión post – 2015 para la construcción de una nueva agenda de desarrollo. La energía empieza a ser un factor importante en los más altos foros de discusión sobre desarrollo poniendo de relieve la importancia de la energía no sólo como un objetivo de desarrollo, sino también como un elemento facilitador de, en otros, el acceso al agua, la seguridad alimentaria, la salud, la educación, la productividad y la sostenibilidad medioambiental.

El éxito de la década 2014 – 2024 dependerá de que gobiernos, organismos internacionales, empresariales y sociales trabajen coordinadamente y complementariamente para convertir las carencias y amenazas (carencia de acceso a energía, emisiones de CO2,…) en oportunidades (energías limpias y acceso a fuentes modernas de energía).

Comienza una década clave para la energía, para las personas, para el medio ambiente.

Patricia García y Miquel Escoto, Área Sectorial de Energía de ONGAWA

El agua, fuente de vida

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Cierra los ojos, piensa en todas las actividades y productos de tu día, enumera aquellas que no lleven asociado el uso del agua… Está presente en todo nuestro ser, estar, tener y hacer. Desde que nos levantamos, los alimentos y productos que consumimos, en nuestro hogar y  tareas diarias, durante las actividades lúdicas. La agricultura y ganadería representan un consumo aproximadamente del 70% mientras que la industria es un 20, según el sector económico dominante.

Como sería si todas estas  actividades las tuvieras que realizar con la cantidad limitada que una persona de tu familia se encarga de recoger: es una tarea que recae normalmente en las mujeres y niñas, que dedican su tiempo y esfuerzo en recorrer una distancia media de 6 kilómetros diarios en muchos países de África y Asia. Una inversión en supervivencia que a la vez hipoteca su futuro: la educación es abandonada. El 45% de los 748 millones de personas que todavía carecen de acceso a una fuente de agua mejorada vive en África.

Recapacita acerca de tus sensaciones si además este agua que utilizas estuviese sucia y contaminada, siendo extensivo a tu entorno. Si mi primera acción nada más levantarme es  buscar un árbol que me tape para poder hacer mis necesidades o visitar una letrina sucia… Un total de 2.500 millones de personas carecen de acceso a instalaciones de saneamiento mejorado. De ellas 1.000 millones practican la defecación al aire libre; 9 de cada 10 viven en zonas rurales. Dado que es el agua el recurso utilizado para alejar los residuos, estos residuos viajan a lo largo del cauce, contaminando los ecosistemas en su camino. Las vías de transmisión de enfermedades por virus, bacterias y parásitos son múltiples y no están concentradas en el foco: los vectores son los encargados de transmitir y difundir la enfermedad alejándola de los focos de infección, por lo que todos nosotros estamos expuestos en mayor o menor medida.  Porque la primera causa mundial de muerte son las infecciones respiratorias siendo la segunda la diarrea, con 3.900 muertes de menores de 5 años al día, ambas íntimamente relacionadas con la presencia de aguas contaminadas. Los parásitos afectan a 2.000 millones de personas en el mundo, lo que incide directamente en su desarrollo vital.

Las desigualdades en el acceso mundial como a nivel de país son evidentes. Las inversiones en infraestructuras se dirigen a zonas urbanas, donde ya se concentra el 53% de la población mundial. Esto motiva el abandono del mundo rural en busca de una vida mejor en las ya problemáticas ciudades, familias que terminarán viviendo en barrios marginales.

Has experimentado el nexo agua – desarrollo humano. Es evidente que el acceso a agua potable segura, saneamiento e higiene hace que seamos personas sanas, mejorando nuestra vida conforme mejora su cobertura. Esta necesidad ha sido trasladada y reconocida como Derecho Humano.

El agua es también vínculo crucial entre el sistema climático, la sociedad humana y el medio ambiente. El uso y desarrollo sostenible de los recursos hídricos aumenta y multiplica los  beneficiarios del recurso, traduciéndose en prosperidad para la comunidad. La mejora de la calidad del agua a través de  la depuración de aguas residuales  y el control de los residuos minimiza el impacto en nuestro entorno lo que se traduce en ecosistemas protegidos. El cuidado de los ecosistemas, entendido como un lugar, y todos los seres vivos que lo conforman, se traduce en mayor estabilidad y menor riesgo ante los desastres naturales. Las comunidades se transforman en resilentes, característica muy importante para el entorno de cambio climático en que vivimos.

El agua es riqueza, por lo que la gobernabilidad del agua con instituciones y sistemas administrativos efectivos que fortalecen la administración local se traduce en sociedades equitativas promoviendo tanto la justicia social como el  medio ambiente.

El aumento de población, el aumento del consumo de agua, la problemática de la depuración y los residuos, la destrucción de los ecosistemas… Para 2025, dos tercios de la población podría vivir en países con escasez de agua según un informe de Naciones Unidas.

Es por todo ello que el decenio 2005 – 2015 ha sido para la ONU el Decenio Internacional para la acción “El agua fuente de vida”. En estos años se han experimentado una evolución favorable en los indicadores tomados como referencia, los desafíos continúan ya que todavía estamos ante una realidad difícil de tolerar. Los datos presentados lo confirman. Vivimos en un entorno de crisis ecológica global, donde el agua es vital, lo que nos exige un continuo compromiso como mayor coherencia en las acciones. Ideas e iniciativas de todos los actores, plataformas para compartir información y trabajar en conjunto… todas las propuestas y aportaciones son bienvenidas.

Empresas, mundo académico, gobiernos y sociedad civil en lucha conjunta por los Derechos Humanos, la igualdad y la sostenibilidad con los mismos mensajes y más acción son las propuestas base para la próxima agenda, puesto que el agua es ahora y más que nunca, fuente de vida.

Araceli Lozano Pulido, Área Sectorial de Agua de ONGAWA

Agua y Energía: imprescindibles para una vida digna

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4 de la mañana en una aldea del norte de Mozambique. Albertina se levanta para recorrer cinco kilómetros a pie hasta la vieja fuente, desde la que traerá para su familia veinte litros de un agua dudosa. A su vuelta, pasará buena parte del día en la casa, preparando la comida en una cocina vieja y poco eficiente, que carga el aire de un humo denso que hace toser a sus hijos.

La situación de Albertina es la de muchas mujeres en África subsahariana, América Latina o el sur de Asia. Los efectos sobre su vida (salud, educación y bienestar) de la falta de un acceso adecuado a agua y energía son compartidos por millones de personas en estas zonas del mundo. La falta de agua limpia causa el 80% de las enfermedades, y el humo de cocinas y calefacciones tradicionales causa al año más muertes que la malaria y la tuberculosis juntas.

Para Albertina, las carencias en agua y energía son dos caras de la pobreza, su principal problema, pero durante décadas ambos temas han funcionado como compartimentos estancos en la agenda de gobiernos, empresas y organismos internacionales. Desde hace un par de años, sin embargo, el nexo entre agua y energía ha pasado al primer plano de la agenda de desarrollo global por su importancia en grandes retos globales como el cambio climático, la lucha contra la pobreza y la sostenibilidad ambiental.

Según el último informe de Naciones Unidas sobre la materia, las proyecciones ofrecen un panorama en el que el crecimiento de la población mundial y de la economía – sobretodo en regiones emergentes – dispara la demanda de agua y energía. Teniendo en cuenta datos como que el 90% de la generación de energía es intensiva en su utilización de agua, o que ya hoy el sector energético es responsable del 15% de la extracción de agua, resulta evidente que la interdependencia entre agua y energía exige superar perspectivas sectoriales y avanzar hacia un enfoque integrado sobre ambos factores.

No es probable que alguien como Albertina tenga acceso a estos datos. El asunto clave para ella – y para millones de personas en circunstancias parecidas – es que su acceso al agua y la energía, esenciales para una vida digna, no quede relegado en una agenda centrada en los grandes números del crecimiento económico. De todos depende que no sea así.

José Manuel Gómez, Responsable de Comunicación Institucional de ONGAWA

Un post al final del año del agua y la energía

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Terminamos el año 2014 y es hora de mirar atrás para reflexionar y tomar nuevas decisiones en aras a conseguir el objetivo buscado: “Derecho Humano al Agua y al Saneamiento para TODOS”.

¿Cómo ha cambiado la situación mundial en relación con el Derecho Humano al Acceso al Agua y al Saneamiento?; ¿Qué hemos de tener presente hoy para conseguir que este Derecho sea una realidad en TODO el mundo antes de fin de siglo?

Según el Informe GLASS 2014 de la OMS existen en el mundo 748 millones de personas que no tienen acceso al agua potable, es decir más de 100 veces la población que vive en una ciudad como Madrid no dispone de agua en buen estado para su consumo a menos de 1.000 m. de su casa o tiene que emplear más de 30 minutos en conseguirla. Resulta difícil concebir esta realidad desde el cómodo lugar desde el que escribo.

Sin embargo, aun siendo conscientes de lo que falta por conseguir, no hemos de olvidar que también tenemos noticias muy positivas que contar: los objetivos del milenio en lo relativo al acceso al agua potable se han conseguido ya desde el 2010; además, en el último año se redujeron en 20 millones las personas sin acceso al agua en el mundo.

Los organismos involucrados en la toma de decisiones deberán tener en cuenta que las condiciones en las que nos movemos no son las mismas que eran, ya que han ido cambiando en los últimos años; asistimos a una compra masiva de tierras en África por países extranjeros lo que, sin duda, aumentará la demanda de agua para la agricultura en lugares donde la accesibilidad al agua potable no está garantizada; la deuda de los países más pobres sigue aumentando y, por tanto, su capacidad de inversión en un futuro se halla enormemente comprometida; asistimos a una caída brusca en la inversión por parte de todos los agentes intervinientes empujada por la situación económica actual: en los últimos años se ha producido una clara disminución de los fondos empleados por países ricos en ayuda al desarrollo, ejemplo extremo de ello es la ayuda oficial española que ha caído en términos relativos a su RNB en un 63% desde su máximo en 2009, según informe de la Coordinadora de ONGD, y a este, podríamos añadir muchos otros ejemplos.

Todos estos cambios, evidencian que la situación hoy no es la misma que ayer, y por tanto, hemos de ser conscientes de la necesidad de adaptar las medidas necesarias a las nuevas realidades existentes, para evitar; como señala el Informe “The United Nation World Water. Development report 2014. Water and Energy”, que las previsiones futuras puedan afectar gravemente al no cumplimiento de los ODM.

La demanda de agua dulce y energía continuará aumentando significativamente en las próximas décadas, como consecuencia del crecimiento de la población y los cambios en los estilos de vida que harán aumentar aún más la presión sobre los recursos naturales y los ecosistemas. La demanda global del agua se incrementará un 55% en el 2050 como consecuencia del crecimiento de la industria (400%) y de la generación de energía (140%). Por otro lado, el 40% de la población mundial vivirá en regiones con importantes tensiones en el reparto del agua, y los recursos hídricos están disminuyendo como consecuencia de la sobre-explotación de los acuíferos. Además, el crecimiento de las demandas energéticas de electricidad serán aproximadamente del 70% hacia el 2035, siendo el 90% de los sistemas de producción de energía intensivos en uso del agua.

Este nuevo escenario mundial en el que nos movemos, indudablemente distinto de aquél en el que nos encontrábamos cuando se establecieron los ODM para esta década pasada, debe ser estudiado minuciosamente por todos los organismos intervinientes, pues requiere de la adopción de las medidas necesarias para adecuar los medios existentes a la realidad actual. Y esta visión es la que debe presidir la elaboración de las agendas post 2015; sólo así, se podrá conseguir el objetivo de garantizar el acceso al agua y saneamiento a TODOS a final de siglo.

En definitiva, las decisiones que se tomen para resolver el problema de acceso al agua y saneamiento tienen necesariamente que tener en cuenta la nueva dimensión económica, social y medioambiental a la que nos enfrentamos hoy a nivel mundial. Sólo las decisiones encaminadas a la consecución de un desarrollo sostenible en relación con el problema de acceso al agua a nivel mundial, permitirán cumplir los objetivos marcados en este campo.

Daniel Manceñido, Área Sectorial de Agua de ONGAWA