Agua, alimentación y energía en la agenda post – 2015

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Hace algunas semanas os contaba algunas conclusiones de la jornada Jornada sobre el Nexo Agua – Alimentación – Energía que organizamos en ONGAWA. Vuelvo a retomar el tema ya que mis compañeros han elaborado una pequeña publicación de conclusiones realmente interesante.

Como os decía en aquella ocasión, aunque el contenido de la jornada no se correspondía al 100% con los objetivos de este blog (aquí el componente alimentación lo hemos sustituido por el cambio climático), hay ideas que creo no pueden faltar en este blog:

El agua, la alimentación y la energía son elementos que presentan fuertes interacciones entre sí. Al nivel más básico, es bien conocido que para producir alimentos se necesita agua y energía, que para bombear, tratar o depurar agua se necesita energía, o que producir energía requiere agua. A su vez, alimentos, agua y energía presentan un gran impacto en la satisfacción de las necesidades humanas básicas así como un fuerte impacto y dependencia de los ecosistemas. Todo esto hace necesario que su abordaje a todos los niveles (planificación, diseño e implementación de políticas y proyectos) se realice atendiendo a dichas relaciones.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) en la actualidad el sector agroalimentario supone del orden del 70% de las extracciones mundiales de agua dulce a lo largo de toda la cadena de producción, transporte y comercialización de alimentos. De forma análoga, la producción de alimentos supone el 30% del consumo global de energía, requerida para producir, transportar y distribuir los alimentos así como para el funcionamiento de los sistemas de regadío y la producción de fertilizantes.

Asimismo, la producción energética global representa del orden del 15% de las extracciones de agua, al ser esa necesaria tanto en la producción de energía hidroeléctrica como en otras modalidades de producción de energía que necesitan grandes cantidades de agua tanto en la extracción de materias primas como en su refinado, su enfriamiento, o, por ejemplo, para el cultivo y el procesado de la producción de los biocombustibles.

Inversamente también la energía es necesaria para el acceso al agua, tanto en el proceso de captación del recurso hídrico (por ejemplo, para el bombeo), como en el proceso de potabilización para su consumo (especialmente intensivo en el caso de la desalinización), en su distribución desde los lugares de producción a los de consumo o en el transporte y tratamiento posterior de aguas residuales.

A pesar de ser bien conocidas las interrelaciones entre los tres sectores no ha sido frecuente hasta ahora su análisis conjunto. Sin embargo, en el futuro próximo esta situación posiblemente no se pueda mantener debido a que la demanda de agua, alimentos y energía va a crecer en las próximas décadas, como consecuencia, entre otros, del crecimiento demográfico y urbano, los cambios en las dietas alimenticias o el crecimiento económico, mientras que la oferta tiene dificultades para aumentar porque en muchos casos está cerca de llegar a sus límites de sostenibilidad económica, social o ambiental, o se puede ver afectada por el cambio climático. Según las estimaciones de distintas agencias de Naciones Unidas y de la Agencia Internacional de la Energía:

  • La producción de alimentos deberá incrementarse un 60% de aquí a 2050.
  • Las extracciones mundiales de agua se espera que aumenten en un 55% en el año 2050.
  • El consumo mundial de energía se prevé que se incremente en un 50% en el año 2035.

Según la FAO estas previsiones suponen una clara amenaza para la degradación ambiental y para el bienestar de la población mundial, pues podrían incrementarse las actuales carencias globales en agua, alimentación y energía, que son muy elevadas, y la afección a los recursos naturales.

Las políticas adoptadas en el pasado ya no son una opción, pues han demostrado que son claramente insostenibles y han generado una gran desigualdad en el acceso al agua, la alimentación y la energía. Esto hace que el abordaje del nexo cobre especial relevancia, al permitir el desarrollo de políticas y acciones integradas o, cuando menos, coherente, que aseguren el bienestar de la población y la sostenibilidad del medio ambiente.

(…)

La interrelación entre el agua, la alimentación y la energía presenta enormes sinergias pero también diversos conflictos que deben ser tenidos en cuenta a la hora de planificar, diseñar o implementar políticas o proyectos, y que obliga a tomar decisiones difíciles entre objetivos contradictorios.

Los conflictos se producen, por ejemplo, cuando la producción de alimentos o de energía o el acceso al agua compiten por los mismos recursos naturales, y la expansión de un elemento impide o afecta al crecimiento o sostenibilidad de los otros. Como se ha expuesto anteriormente, la interrelación entre los tres elementos evidencia esta competencia.

Y cuando las decisiones se toman atendiendo a la mejora de uno solo de los tres elementos, los efectos sobre los otros pueden ser altamente negativos. Por ejemplo, las grandes infraestructuras hídricas se construyen persiguiendo la producción de energía o el abastecimiento de agua para usos agrícolas o urbanos, pero pueden comprometer fuertemente a los ecosistemas, los recursos hídricos y los sistemas alimentarios situados aguas abajo. Según un informe de la Comisión Mundial de Presas del año 2000, entre 40 y 80 millones de personas han sido desplazadas en todo el mundo por las presas, y millones de personas que viven aguas debajo de las mismas han visto sus medios de subsistencia seriamente dañados, y se ha puesto en peligro la productividad futura de sus recursos.

Otro ejemplo de conflicto se encuentra en los cultivos para producción de agrocombustibles, que se promueven con fines de generación de energía, pero compiten fuertemente con la producción de alimentos y la seguridad alimentaria, así como con el suelo o los recursos hídricos.

También el sistema agroalimentario actualmente vigente es una fuente de conflictos, ya que el incremento de la producción de alimentos bajo el modelo actual conllevará un aumento del uso de fertilizantes químicos, lo que requiere ingentes consumos de agua y energía, y la consiguiente emisión de gases de efecto invernadero procedentes de los combustibles fósiles empleados en estos procesos.

Estos y otros conflictos se deben muchas veces a que las decisiones sobre agua, alimentación y energía se definen atendiendo a grupos de interés con gran poder en cada uno de estos ámbitos, o porque se tienen en cuenta uno solo de los elementos sin atender a su efecto sobre los otros.

Por tanto, es necesario un cambio en el modelo actual de gobernanza del agua, la alimentación y la energía, incorporando un enfoque eficiente económica y ambientalmente, y que ponga en el centro de las políticas y acciones la mejora de los medios de vida de las personas y la sostenibilidad ambiental.

Jorge Castañeda Pastor, Responsable de Campañas y Comunicación Externa de ONGAWA

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El agua, fuente de vida

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Cierra los ojos, piensa en todas las actividades y productos de tu día, enumera aquellas que no lleven asociado el uso del agua… Está presente en todo nuestro ser, estar, tener y hacer. Desde que nos levantamos, los alimentos y productos que consumimos, en nuestro hogar y  tareas diarias, durante las actividades lúdicas. La agricultura y ganadería representan un consumo aproximadamente del 70% mientras que la industria es un 20, según el sector económico dominante.

Como sería si todas estas  actividades las tuvieras que realizar con la cantidad limitada que una persona de tu familia se encarga de recoger: es una tarea que recae normalmente en las mujeres y niñas, que dedican su tiempo y esfuerzo en recorrer una distancia media de 6 kilómetros diarios en muchos países de África y Asia. Una inversión en supervivencia que a la vez hipoteca su futuro: la educación es abandonada. El 45% de los 748 millones de personas que todavía carecen de acceso a una fuente de agua mejorada vive en África.

Recapacita acerca de tus sensaciones si además este agua que utilizas estuviese sucia y contaminada, siendo extensivo a tu entorno. Si mi primera acción nada más levantarme es  buscar un árbol que me tape para poder hacer mis necesidades o visitar una letrina sucia… Un total de 2.500 millones de personas carecen de acceso a instalaciones de saneamiento mejorado. De ellas 1.000 millones practican la defecación al aire libre; 9 de cada 10 viven en zonas rurales. Dado que es el agua el recurso utilizado para alejar los residuos, estos residuos viajan a lo largo del cauce, contaminando los ecosistemas en su camino. Las vías de transmisión de enfermedades por virus, bacterias y parásitos son múltiples y no están concentradas en el foco: los vectores son los encargados de transmitir y difundir la enfermedad alejándola de los focos de infección, por lo que todos nosotros estamos expuestos en mayor o menor medida.  Porque la primera causa mundial de muerte son las infecciones respiratorias siendo la segunda la diarrea, con 3.900 muertes de menores de 5 años al día, ambas íntimamente relacionadas con la presencia de aguas contaminadas. Los parásitos afectan a 2.000 millones de personas en el mundo, lo que incide directamente en su desarrollo vital.

Las desigualdades en el acceso mundial como a nivel de país son evidentes. Las inversiones en infraestructuras se dirigen a zonas urbanas, donde ya se concentra el 53% de la población mundial. Esto motiva el abandono del mundo rural en busca de una vida mejor en las ya problemáticas ciudades, familias que terminarán viviendo en barrios marginales.

Has experimentado el nexo agua – desarrollo humano. Es evidente que el acceso a agua potable segura, saneamiento e higiene hace que seamos personas sanas, mejorando nuestra vida conforme mejora su cobertura. Esta necesidad ha sido trasladada y reconocida como Derecho Humano.

El agua es también vínculo crucial entre el sistema climático, la sociedad humana y el medio ambiente. El uso y desarrollo sostenible de los recursos hídricos aumenta y multiplica los  beneficiarios del recurso, traduciéndose en prosperidad para la comunidad. La mejora de la calidad del agua a través de  la depuración de aguas residuales  y el control de los residuos minimiza el impacto en nuestro entorno lo que se traduce en ecosistemas protegidos. El cuidado de los ecosistemas, entendido como un lugar, y todos los seres vivos que lo conforman, se traduce en mayor estabilidad y menor riesgo ante los desastres naturales. Las comunidades se transforman en resilentes, característica muy importante para el entorno de cambio climático en que vivimos.

El agua es riqueza, por lo que la gobernabilidad del agua con instituciones y sistemas administrativos efectivos que fortalecen la administración local se traduce en sociedades equitativas promoviendo tanto la justicia social como el  medio ambiente.

El aumento de población, el aumento del consumo de agua, la problemática de la depuración y los residuos, la destrucción de los ecosistemas… Para 2025, dos tercios de la población podría vivir en países con escasez de agua según un informe de Naciones Unidas.

Es por todo ello que el decenio 2005 – 2015 ha sido para la ONU el Decenio Internacional para la acción “El agua fuente de vida”. En estos años se han experimentado una evolución favorable en los indicadores tomados como referencia, los desafíos continúan ya que todavía estamos ante una realidad difícil de tolerar. Los datos presentados lo confirman. Vivimos en un entorno de crisis ecológica global, donde el agua es vital, lo que nos exige un continuo compromiso como mayor coherencia en las acciones. Ideas e iniciativas de todos los actores, plataformas para compartir información y trabajar en conjunto… todas las propuestas y aportaciones son bienvenidas.

Empresas, mundo académico, gobiernos y sociedad civil en lucha conjunta por los Derechos Humanos, la igualdad y la sostenibilidad con los mismos mensajes y más acción son las propuestas base para la próxima agenda, puesto que el agua es ahora y más que nunca, fuente de vida.

Araceli Lozano Pulido, Área Sectorial de Agua de ONGAWA

Agua y Energía: imprescindibles para una vida digna

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4 de la mañana en una aldea del norte de Mozambique. Albertina se levanta para recorrer cinco kilómetros a pie hasta la vieja fuente, desde la que traerá para su familia veinte litros de un agua dudosa. A su vuelta, pasará buena parte del día en la casa, preparando la comida en una cocina vieja y poco eficiente, que carga el aire de un humo denso que hace toser a sus hijos.

La situación de Albertina es la de muchas mujeres en África subsahariana, América Latina o el sur de Asia. Los efectos sobre su vida (salud, educación y bienestar) de la falta de un acceso adecuado a agua y energía son compartidos por millones de personas en estas zonas del mundo. La falta de agua limpia causa el 80% de las enfermedades, y el humo de cocinas y calefacciones tradicionales causa al año más muertes que la malaria y la tuberculosis juntas.

Para Albertina, las carencias en agua y energía son dos caras de la pobreza, su principal problema, pero durante décadas ambos temas han funcionado como compartimentos estancos en la agenda de gobiernos, empresas y organismos internacionales. Desde hace un par de años, sin embargo, el nexo entre agua y energía ha pasado al primer plano de la agenda de desarrollo global por su importancia en grandes retos globales como el cambio climático, la lucha contra la pobreza y la sostenibilidad ambiental.

Según el último informe de Naciones Unidas sobre la materia, las proyecciones ofrecen un panorama en el que el crecimiento de la población mundial y de la economía – sobretodo en regiones emergentes – dispara la demanda de agua y energía. Teniendo en cuenta datos como que el 90% de la generación de energía es intensiva en su utilización de agua, o que ya hoy el sector energético es responsable del 15% de la extracción de agua, resulta evidente que la interdependencia entre agua y energía exige superar perspectivas sectoriales y avanzar hacia un enfoque integrado sobre ambos factores.

No es probable que alguien como Albertina tenga acceso a estos datos. El asunto clave para ella – y para millones de personas en circunstancias parecidas – es que su acceso al agua y la energía, esenciales para una vida digna, no quede relegado en una agenda centrada en los grandes números del crecimiento económico. De todos depende que no sea así.

José Manuel Gómez, Responsable de Comunicación Institucional de ONGAWA

Un post al final del año del agua y la energía

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Terminamos el año 2014 y es hora de mirar atrás para reflexionar y tomar nuevas decisiones en aras a conseguir el objetivo buscado: “Derecho Humano al Agua y al Saneamiento para TODOS”.

¿Cómo ha cambiado la situación mundial en relación con el Derecho Humano al Acceso al Agua y al Saneamiento?; ¿Qué hemos de tener presente hoy para conseguir que este Derecho sea una realidad en TODO el mundo antes de fin de siglo?

Según el Informe GLASS 2014 de la OMS existen en el mundo 748 millones de personas que no tienen acceso al agua potable, es decir más de 100 veces la población que vive en una ciudad como Madrid no dispone de agua en buen estado para su consumo a menos de 1.000 m. de su casa o tiene que emplear más de 30 minutos en conseguirla. Resulta difícil concebir esta realidad desde el cómodo lugar desde el que escribo.

Sin embargo, aun siendo conscientes de lo que falta por conseguir, no hemos de olvidar que también tenemos noticias muy positivas que contar: los objetivos del milenio en lo relativo al acceso al agua potable se han conseguido ya desde el 2010; además, en el último año se redujeron en 20 millones las personas sin acceso al agua en el mundo.

Los organismos involucrados en la toma de decisiones deberán tener en cuenta que las condiciones en las que nos movemos no son las mismas que eran, ya que han ido cambiando en los últimos años; asistimos a una compra masiva de tierras en África por países extranjeros lo que, sin duda, aumentará la demanda de agua para la agricultura en lugares donde la accesibilidad al agua potable no está garantizada; la deuda de los países más pobres sigue aumentando y, por tanto, su capacidad de inversión en un futuro se halla enormemente comprometida; asistimos a una caída brusca en la inversión por parte de todos los agentes intervinientes empujada por la situación económica actual: en los últimos años se ha producido una clara disminución de los fondos empleados por países ricos en ayuda al desarrollo, ejemplo extremo de ello es la ayuda oficial española que ha caído en términos relativos a su RNB en un 63% desde su máximo en 2009, según informe de la Coordinadora de ONGD, y a este, podríamos añadir muchos otros ejemplos.

Todos estos cambios, evidencian que la situación hoy no es la misma que ayer, y por tanto, hemos de ser conscientes de la necesidad de adaptar las medidas necesarias a las nuevas realidades existentes, para evitar; como señala el Informe “The United Nation World Water. Development report 2014. Water and Energy”, que las previsiones futuras puedan afectar gravemente al no cumplimiento de los ODM.

La demanda de agua dulce y energía continuará aumentando significativamente en las próximas décadas, como consecuencia del crecimiento de la población y los cambios en los estilos de vida que harán aumentar aún más la presión sobre los recursos naturales y los ecosistemas. La demanda global del agua se incrementará un 55% en el 2050 como consecuencia del crecimiento de la industria (400%) y de la generación de energía (140%). Por otro lado, el 40% de la población mundial vivirá en regiones con importantes tensiones en el reparto del agua, y los recursos hídricos están disminuyendo como consecuencia de la sobre-explotación de los acuíferos. Además, el crecimiento de las demandas energéticas de electricidad serán aproximadamente del 70% hacia el 2035, siendo el 90% de los sistemas de producción de energía intensivos en uso del agua.

Este nuevo escenario mundial en el que nos movemos, indudablemente distinto de aquél en el que nos encontrábamos cuando se establecieron los ODM para esta década pasada, debe ser estudiado minuciosamente por todos los organismos intervinientes, pues requiere de la adopción de las medidas necesarias para adecuar los medios existentes a la realidad actual. Y esta visión es la que debe presidir la elaboración de las agendas post 2015; sólo así, se podrá conseguir el objetivo de garantizar el acceso al agua y saneamiento a TODOS a final de siglo.

En definitiva, las decisiones que se tomen para resolver el problema de acceso al agua y saneamiento tienen necesariamente que tener en cuenta la nueva dimensión económica, social y medioambiental a la que nos enfrentamos hoy a nivel mundial. Sólo las decisiones encaminadas a la consecución de un desarrollo sostenible en relación con el problema de acceso al agua a nivel mundial, permitirán cumplir los objetivos marcados en este campo.

Daniel Manceñido, Área Sectorial de Agua de ONGAWA

Algunas notas de la Jornada sobre el Nexo Agua – Alimentación – Energía de ONGAWA

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En ONGAWA llevamos un tiempo dándole vueltas a esto de los nexos, es decir, las conexiones entre varios elementos clave para el desarrollo. En este sentido, por ejemplo, la semana pasada organizamos una jornada sobre el nexo agua – energía – alimentación.

Aunque el contenido de la jornada no se correspondía al 100% con los objetivos de este blog (aquí el componente alimentación lo hemos sustituido por el cambio climático), salieron algunas ideas que, ya que pude asistir a la jornada, voy a compartir en este post.

Mi compañero Eduardo centró su intervención en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Alertó sobre la existencia de objetivos relacionados con el incremento de la productividad agrícola y la producción de energía que supondrán un mayor consumo de agua y que es posible que supongan una competencia con el consumo humano y, por tanto, con el Derecho Humano al Agua.

Por otra parte, puso sobre la mesa que dependiendo de cómo se aborde el objetivo de acceso a la energía (si por ejemplo se realiza en base al consumo de combustibles fósiles) puede acelerar los efectos del cambio climático.

Ulrike Pokorski, de la GIZ, comenzó con algunos datos: en 2030 la brecha entre demanda y recursos hídricos disponibles será del 40% y en el caso de la energía del 50%.

Vinculando el tema con la pobreza, destacó que aquellos países con más recursos económicos tendrán opciones para asegurar el acceso al agua y puso como ejemplo Arabia Saudí que dispone de este recurso aunque sea desalando agua de mar (para lo que, por cierto, se necesita energía que puede contribuir al cambio climático). Destacó también el caso de Marruecos donde se están instalando plantas de energía solar que necesitan agua para la producción de energía y que está compitiendo con el uso de agua para la producción de alimentos y, por tanto, contribuyendo a generar pobreza en determinadas zonas y colectivos.

De la presentación de Gonzalo Marín, experto en cuestiones relacionadas con el agua, destaco que en los últimos años, desde 2000 aproximadamente, se están poniendo en cuestión los beneficios de la construcción de presas, construcción que en décadas anteriores fue intensamente apoyada desde las instituciones financieras internacionales, especialmente el Banco Mundial. Las presas, que tenían como objetivo mejorar el acceso al agua y la energía, han tenido impacto en millones de personas que viven aguas abajo de esas grandes infraestructuras, dañando seriamente sus medios de vida como consecuencia de los cambios en el régimen hidrológico. Esto ha ocurrido especialmente en China, India, Brasil y Turquía donde se documentan numerosos conflictos sociales.

El director de Prosalus, Jose María Medina, hizo un interesante análisis sobre los agrocombustibles (energía) cuya producción en 2010 supuso un consumo de agua de 1 hm3 al día, compitiendo en numerosas ocasiones con el consumo humano.

Estas son sólo algunas ideas de algunos de los ponentes de la jornada. Si estáis interesados en saber más sobre el resto de las intervenciones, en nuestra página web hemos colgado un resumen de las jornadas y todas las presentaciones de los ponentes.

Jorge Castañeda Pastor, Responsable de Campañas y Comunicación Externa de ONGAWA

Agua y Energía: alianzas para la eficiencia, la sostenibilidad y la mejora del acceso ¿para todos?

En el mes de marzo, la Agencia de Naciones Unidas para el Agua (ONU – Agua) celebró en Zaragoza su Conferencia Internacional Anual con motivo de la preparación del Día Mundial del Agua 2014, que este año se celebraba en Tokio en torno al tema del Agua y la Energía.

El contenido de la Conferencia se centró en las alianzas para la mejora del acceso, la eficiencia y la sostenibilidad del agua y la energía.  Participaron más de 120 expertos, entre los que se encontraban representantes de hasta 9 agencias de Naciones Unidas, empresas del sector energético e hidrológico, académicos, medios de comunicación, etc.

La relevancia de la interdependencia del agua y la energía es enorme, ya que la producción de energía mundial depende en gran medida de la disponibilidad de agua, al igual que la provisión de agua requiere de energía para su extracción, distribución y, especialmente, para el tratamiento de aguas residuales, incluyendo aquellas que se han utilizado para la producción y el transporte de la propia energía.

Hay quienes han visto durante mucho tiempo la escasez de agua como un problema local cuyos efectos impactan únicamente en las poblaciones que la sufren directamente. Sin embargo, el reto de incrementar la producción de energía actual para cubrir las necesidades de la población creciente en términos de producción agrícola, industrial, de transporte, etc., se percibe como uno de los mayores desafíos globales que afronta el planeta en las próximas décadas. La Agencia Internacional de la Energía estima que estos incrementos harán que aumente la demanda global de energía en un 44% entre 2006 y 2030.

Durante los 4 días que duró el evento de Zaragoza, se trataron temas como la innovación tecnológica para hacer más eficiente los procesos de enfriamiento en términos de consumo de agua, la necesidad de coordinar la planificación hídrica y la energética, la asimetría de ambos sectores, el impacto del cambio climático en la disponibilidad de agua especialmente en las zonas en las que se prevén mayores índices de crecimiento económico -y por tanto de demanda–, o la necesidad de elaborar políticas públicas que coordinen los intereses de los sectores energético y el hídrico.

Sin embargo, se echaron en falta reflexiones acerca de cómo llegar a los más de 768 millones de personas que aún no tienen acceso al agua potable, a los 1.300 millones que no tienen electricidad o a los más de 2.600 millones que continúan utilizando biomasa de forma tradicional para cocinar y calentarse.  También quedó fuera del debate la necesidad de respetar por encima de cualquier otro uso el agua para consumo humano, como establece el Derecho Humano al Agua reconocido por las Naciones Unidas en 2010.

Estas carencias pueden explicarse, en parte, por la escasa participación en la Conferencia de miembros de la sociedad civil o de representantes de los colectivos más vulnerables. Esta baja presencia de administraciones y organizaciones locales y ONG de desarrollo contradice las numerosas llamadas, lanzadas en diversos encuentros internacionales, especialmente desde el Foro de Busán, al compromiso y colaboración entre todos los actores del desarrollo para trabajar coordinadamente por la erradicación de la pobreza y el desarrollo humano y sostenible.

En el ámbito del agua y la energía, la consideración de las necesidades de los colectivos más vulnerables y la participación del sector social es imprescindible, debido a la relación que estos ámbitos tienen sobre la salud, los ingresos y la dignidad de las personas.  De otra manera, una vez más, las soluciones a un problema global como el acceso al agua y a la energía podrían volver a diseñarse sin tener en cuenta los intereses de los que más sufren.

Alberto Guijarro, Área Sectorial de Energía de ONGAWA y Mª del Mar Rivero, Responsable de Agua y Saneamiento de ONGAWA

Desafíos en agua y energía

Este año desde ONGAWA participamos en la Conferencia Anual 2014 de ONU Agua en Zaragoza donde, en línea con la temática del Día Mundial del Agua, se habló principalmente de agua y energía.

De la nota informativa sobre la conferencia, incorporamos al blog algunas ideas sobre los desafíos a los que nos enfrentamos en el binomio agua – energía:

Los problemas del agua y de la energía están interconectados de modo tal que, a pesar del éxito a corto plazo de algunas alternativas, las respuestas parciales están destinadas a fracasar en el largo plazo. Se requiere una respuesta integral y coordinada para los desafíos del agua y la energía. Las soluciones no pueden consistir en seguir alternativas que resuelven los problemas de la energía aumentando la escasez de agua o que mejoran la seguridad hídrica agravando los problemas energéticos o, aún peor, pretendiendo resolver los dos problemas a expensas del medio ambiente.

(…)

Los objetivos de acceso al agua y la energía deben formar parte de estrategias integrales más ambiciosas para la construcción de fortalezas, para el aumento de la seguridad colectiva y de la capacidad de adaptación. Aunque impredecibles en sus detalles, las consecuencias del cambio climático sobre el ciclo hidrológico se traducirán en un aumento de los eventos extremos, como sequías e inundaciones. Tales cambios afectan los sistemas de gestión de la energía y, combinados con los riesgos existentes, pueden resultar en una seria amenaza para el acceso al agua y la energía.

La estrategia debe considerar los múltiples riesgos asociados al agua y la energía entre los que se encuentran los siguientes:

  • Demandas crecientes de agua y energía. El aumento de la demanda, unido a una disponibilidad limitada de agua y energía, trae consigo un aumento de la competencia por el acceso al agua. Esto conlleva un aumento en el uso de energía para bombeo, lo que disminuye la eficiencia energética de todo el proceso y compromete la sostenibilidad del sistemaAsegurar el acceso al agua y a la energía. Los sistemas no robustos son una amenaza para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El acceso al agua para usos productivos (en la agricultura, la industria y demás actividades económicas) tiene un impacto directo sobre la pobreza y la seguridad.
  • Una oferta insostenible de agua. Las fuentes insostenibles de agua y energía conducen al agotamiento físico de los recursos reduciendo la disponibilidad futura de agua y energía.
  • Una calidad del agua en declive. El aumento de la demanda por encima de los recursos renovables conduce a usos del agua subterránea por encima de la capacidad de recarga. La competencia genera mayores presiones y exige incurrir en costes y esfuerzos más elevados para obtener los mismos recursos que en el pasado.
  • Necesidades sociales y ambientales insatisfechas. La sobreexplotación de recursos aumenta las necesidades sociales y ambientales insatisfechas. Las demandas crecientes de energía eléctrica y los cambios constantes en los estilos de vida aumentan más que proporcionalmente el uso de agua y energía y hacen más urgente la necesidad de mejorar la gestión de los dos recursos.
  • Expectativas cambiantes. Los programas de gestión equitativa y robusta del agua reducen la vulnerabilidad de los más pobres a las perturbaciones naturales y económicas lo que conduce a vidas más seguras y provechosas.
  • Cambio climático. El cambio climático es un fenómeno evidente en muchos lugares del mundo. El estrés causado por el cambio climático y el uso de recursos naturales afecta el equilibrio ecológico global.

Jorge Castañeda Pastor, Responsable de Campañas y Comunicación Externa de ONGAWA