Consumo energético responsable: la clave para hacer frente al cambio climático

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La energía es el hilo de oro que une el crecimiento económico, la equidad social y un medio ambiente sano. El desarrollo sostenible no es posible sin energía sostenible

Ban Ki-moon, Secretario General de Naciones Unidas

La energía es la fuerza vital de la sociedad. De ella dependen la iluminación de interiores y exteriores, el calentamiento y refrigeración de los hogares, el transporte de personas y mercancías, la obtención de alimento y su preparación, el funcionamiento de todo tipo de industrias,… en definitiva, el desarrollo de un país.

Un siglo atrás, las principales fuentes de energía eran la fuerza de los animales y la de los hombres y el calor obtenido al quemar la madera. También se habían desarrollado algunas máquinas con las que se aprovechaba la fuerza hidráulica para moler los cereales o la fuerza del viento en los barcos de vela o los molinos de viento. Pero la gran revolución vino con la máquina de vapor, y desde entonces, el desarrollo de la industria y la tecnología ha cambiado las fuentes de energía que mueven la sociedad. Ahora, el desarrollo de un país está ligado a un creciente consumo de energía procedente mayoritariamente de combustibles fósiles como el petróleo, carbón y gas natural.

Existe una gran diferencia entre el consumo de energía en los países desarrollados y en los que están en vías de desarrollo. Por ejemplo, el consumo residencial de electricidad de 791 millones de habitantes de África subsahariana (excluida Sudáfrica) equivale al consumo de los 19,5 millones del Estado de Nueva York, lo que supone una relación de 40 a 1. La mitad de la población mundial todavía obtiene la energía principalmente de la madera, el carbón vegetal u otros tipos de  biomasa.

En los países más desarrollados el consumo energético se ha estabilizado o crece muy poco, gracias al uso cada vez más eficiente del mismo, pero las cifras de consumo por persona son muy elevadas. En los países en vías de desarrollo, y especialmente en las economías en transición, el consumo energético por persona crece de forma continuada porque, para su progreso, necesitan incrementar su consumo de energía y la tecnología disponible no suele ser la más eficiente, debido a la falta de recursos.

Si a estos datos de consumo energético le sumamos el hecho de que las actividades relacionadas con la energía suponen el 80% de las emisiones de CO2 a escala mundial, tenemos una ecuación de difícil solución. La alta concentración de gases de efecto invernadero, CO2 principalmente, provoca cambios drásticos en el clima, alterando las temperaturas regionales, los regímenes de lluvia, incrementando la desertificación, alterando la agricultura, descongelando los casquetes polares e incrementando así el nivel del mar y causando inundaciones en las zonas costeras y continentales en todo el mundo.

Y aunque el efecto invernadero es producido tanto de manera natural como de manera artificial, la industrialización incrementa notablemente la acumulación de los gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Para tratar de hacer frente al cambio climático, parte de la comunidad internacional está intentando frenar el consumo mundial de petróleo y otros combustibles fósiles, con fuerte oposición de los lobbies del sector. Por otro lado, los países en vías de desarrollo están pidiendo, lógicamente, ayuda económica para afrontar medidas de mitigación de CO2, cambios en sus modelos de generación y consumo de energía, y las acciones necesarias para facilitar su adaptación al cambio climático.

En la actualidad se está viviendo un incremento del consumo energético mundial insostenible debido al crecimiento de la población ya un modelo de consumo de energía desenfrenado basado en combustibles fósiles. Y mientras tanto vemos cómo las predicciones acerca de las consecuencias del cambio climático acortan sus plazos.

Por tanto, es necesario que los países ricos transformen su modelo energético hacia otro más eficiente, con menor consumo per cápita y basado en energías renovables, es decir un modelo energético sostenible. Asimismo, deberán poner los medios políticos y económicos necesarios para que los países emergentes y en desarrollo incorporen tecnologías limpias.

Patricia García, Área Sectorial de Energía de ONGAWA

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Ahorrar energía en el Norte para favorecer el desarrollo en el Sur


A veces hablamos del mundo en el que vivimos, pero deberíamos decir mejor, el mundo que compartimos. La globalización es un hecho inherente de la nueva sociedad, de manera que, las acciones que acometemos en nuestro entorno tienen su impacto al otro lado del planeta. Si miramos la relación entre consumo energético y clima global, el impacto  adquiere una especial importancia. Así, el consumo energético que realizamos cada día, va más allá de las paredes de nuestras casas y oficinas, provocando fuertes consecuencias sobre el clima de otros países, efectos que se agravan en países en desarrollo, donde tanto por latitud, como por la limitación de materiales y recursos de sus poblaciones, los efectos del clima extremo se multiplican.

La energía consumida por los medios de transporte, en casa o en el trabajo, conllevan una serie de emisiones a la atmósfera. Esto provoca que ciertos aspectos del clima se intensifiquen, tales como olas de frío y calor, sequías o inundaciones.

Para poder reducir estos impactos, lo primero es conocer cual es nuestro consumo energético típico, para así poder establecer medidas hacia un consumo más responsable.

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Consumo Energético en Viviendas

En cuanto al consumo energético de las viviendas en España. Hasta un 47% del consumo total se destina al uso de la calefacción. Un 18,9% al agua caliente seguido de un 19,4% destinado a los electrodomésticos. Mientras la iluminación supone un 4,1% del total.

Se podrían tomar algunas medidas sencillas para reducir estos consumos. Por ejemplo, el uso responsable de la calefacción, el uso de agua caliente pero no hirviendo, el uso responsable de los electrodomésticos (poner la lavadora y el lavavajillas cuando estén llenos), no encender las luces de día, o la instalación de bombillas de bajo consumo.

Otra medida a tomar sería el mejorar el aislamiento de los edificios, lo que podría ahorrar entre el 25 y el 35% del consumo energético en calefacción y refrigeración. Jugar con los colores, la orientación, o la vegetación alrededor de un edificio puede tener un efecto muy importante en el aislamiento, y por consiguiente en el consumo energético.

Estas medidas beneficiarían no sólo a nuestro bolsillo, sino también a los más afectados por los efectos adversos del clima, provocados por las emisiones de carbono.

Consumo Energético en Oficinas

En el consumo a nivel de oficinas destaca la climatización, tanto en el caso de la calefacción, como de la refrigeración, seguido por el consumo de equipos electrónicos.

En el caso de la oficina es importante concienciar a los empleados de las consecuencias y beneficios de un consumo energético responsable.

Establecer una temperatura razonable de climatización, no mantener los equipos stand-by, o aprovechar la iluminación natural, son medidas fáciles de tomar, y que pueden significar mucho de cara a minimizar las consecuencias de climas extremos sobre países en desarrollo.

Estos simples gestos en tu entorno pueden significar una reducción de los gases invernadero, que evite la intensificación de los climas extremos, suavizando sus consecuencias en países en desarrollo. En definitiva, ahorrar energía en el Norte favorece al desarrollo del Sur.

Santiago Ramos, voluntario del Área de Energía de ONGAWA

Eres parte de la solución: mide tu energía para frenar el cambio climático

 

Según el IPCC, el cambio climático tendrá tres consecuencias principales directamente relacionadas con la extensión de la pobreza:

  • Hambrunas y escasez de agua provocadas por la desertización de grandes zonas del planeta, especialmente de África.
  • Enfermedades: el aumento de la temperatura dará lugar a una extensión del campo de acción de insectos portadores de enfermedades, como es el caso de la malaria.
  • Migraciones masivas: los daños a la agricultura, la erosión del suelo o el aumento del nivel del mar darán lugar a un desplazamiento de población sin precedentes que se estima que ocasionarán serios impactos socioeconómicos en los países de acogida.

La producción y consumo de energía procedente de combustibles fósiles es una de las causas principales de emisión de gases de efecto invernadero y, por tanto, del cambio climático.

Paradójicamente, aunque la mayor parte de las emisiones se han generado históricamente en los países desarrollados, los principales efectos del cambio climático se producen en el Sur, en los países y poblaciones más vulnerables que no cuentan con los recursos necesarios para adaptarse a estos impactos negativos.

Es necesario, por tanto, realizar un consumo responsable de energía. Para contribuir a este objetivo lanzamos siete propuestas y un vídeo que os invitamos a compartir a través de redes sociales para sensibilizar al mayor número de personas posible sobre la necesidad de medir nuestra energía.