2014 – 2024: una década para impulsar la energía sostenible para todos

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Ante el panorama energético actual, que afecta tanto a personas como al entorno, las Naciones Unidas han declarado el período 2014 – 2024 como la Década de la Energía Sostenible para Todos.

Se entiende como “energía sostenible” aquélla que se produce y se usa de forma que apoye a largo plazo el desarrollo humano en el ámbito social, económico y ecológico. Es decir, es una energía no contaminante, accesible físicamente y asequible económicamente para la población, eficiente y con un suministro fiable.

Mientras que leemos estas líneas, 1.300 millones de personas viven sin electricidad, 2.700 en países en desarrollo dependen de la biomasa y en los países desarrollados millones de personas no pueden pagar los servicios energéticos a pesar de estar disponibles.

Si a esto añadimos que el acceso a la energía en los países desarrollados supone una inevitable precipitación al cambio climático, con las consecuencias que ello conlleva, resultan claramente justificados los objetivos de la iniciativa Energía Sostenible para Todos lanzada por las Naciones Unidas en 2011 y que cuenta con 3 objetivos para el año 2030:

  • Asegurar el acceso universal a servicios modernos de energía. Porque la falta de acceso a la energía y a servicios energéticos es un factor importante que repercute directamente en las actividades encaminadas a la erradicación de la pobreza.
  • Duplicar la energía renovable en el mix energético mundial. La actual proporción de fuentes de energía nuevas y renovables en la matriz energética mundial es aún muy baja (22% en 2013). Actualmente, 140 países tienen objetivos para modificar su matriz energética hacia un mayor peso de las renovables para incrementar la tasa del 43% que ha supuesto la capacidad de generación renovable instalada en 2013 frente a la capacidad total.
  • Duplicar la eficiencia energética, lo que se traduce en reducir la intensidad energética mundial en un 40%. Junto con el aumento del uso de energías renovables, el uso de tecnologías de alto rendimiento y menos contaminantes es clave para alcanzar el desarrollo sostenible.

Estos objetivos no aplican en la misma proporción a todos los países. Los países en desarrollo deberán centrarse prioritariamente en incrementar el acceso a la energía mientras que los desarrollados en mejorar la proporción de energías renovables y la tecnología para obtener mayor eficiencia, así como en apoyar tecnológica y económicamente las políticas y acciones necesarias para que los países en desarrollo alcancen sus objetivos.

Hablando de números, el Banco Mundial estima que la consecución de los tres objetivos definidos tendría un coste de entre 600 y 800 billones de dólares por año de los cuales, sólo 50 billones serían para asegurar el acceso a la energía y el resto para los objetivos de modificación del mix energético y mejora de la eficiencia.

Llegados a este punto, es preciso adoptar nuevas políticas, pues las actualmente en marcha no son suficientes para alcanzar los objetivos en 2030. Las estrategias han de estar centradas en las personas (acceso a la energía) y en la sostenibilidad ambiental, y será necesario también dar mayor apoyo a la investigación y desarrollo, así como a iniciativas normativas apropiadas y colaboraciones entre entidades públicas, ONG y privadas.

Actualmente ya se están replanteando las estructuras de financiación necesarias que permitan movilizar recursos estables y previsibles y transferir tecnología en condiciones aceptables para los distintos países.

Se trata de un reto de magnitudes extraordinarias que requerirá la movilización de enormes recursos en los próximos 10 años por parte de Estados y empresas. El objetivo final es involucrar a los gobiernos, al sector privado y a la sociedad civil para promover el acceso mejorado y sostenible a la energía para satisfacer necesidades básicas personales y domésticas, para garantizar el acceso a los servicios básicos, a actividades productivas para autoconsumo y actividades económicas para la generación de ingresos de forma accesible –física y económicamente– y ambientalmente sostenible.

La década 2014-2024 de la Energía Sostenible para Todos, promovida por las Naciones Unidas, es una buena oportunidad para dar un impulso a las políticas y medidas que es necesario realizar para conseguir los objetivos planteados para 2030. Esta declaración de intenciones de la ONU ha impulsado el debate energético y supone una clara referencia en el proceso de reflexión post – 2015 para la construcción de una nueva agenda de desarrollo. La energía empieza a ser un factor importante en los más altos foros de discusión sobre desarrollo poniendo de relieve la importancia de la energía no sólo como un objetivo de desarrollo, sino también como un elemento facilitador de, en otros, el acceso al agua, la seguridad alimentaria, la salud, la educación, la productividad y la sostenibilidad medioambiental.

El éxito de la década 2014 – 2024 dependerá de que gobiernos, organismos internacionales, empresariales y sociales trabajen coordinadamente y complementariamente para convertir las carencias y amenazas (carencia de acceso a energía, emisiones de CO2,…) en oportunidades (energías limpias y acceso a fuentes modernas de energía).

Comienza una década clave para la energía, para las personas, para el medio ambiente.

Patricia García y Miquel Escoto, Área Sectorial de Energía de ONGAWA

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El agua, fuente de vida

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Cierra los ojos, piensa en todas las actividades y productos de tu día, enumera aquellas que no lleven asociado el uso del agua… Está presente en todo nuestro ser, estar, tener y hacer. Desde que nos levantamos, los alimentos y productos que consumimos, en nuestro hogar y  tareas diarias, durante las actividades lúdicas. La agricultura y ganadería representan un consumo aproximadamente del 70% mientras que la industria es un 20, según el sector económico dominante.

Como sería si todas estas  actividades las tuvieras que realizar con la cantidad limitada que una persona de tu familia se encarga de recoger: es una tarea que recae normalmente en las mujeres y niñas, que dedican su tiempo y esfuerzo en recorrer una distancia media de 6 kilómetros diarios en muchos países de África y Asia. Una inversión en supervivencia que a la vez hipoteca su futuro: la educación es abandonada. El 45% de los 748 millones de personas que todavía carecen de acceso a una fuente de agua mejorada vive en África.

Recapacita acerca de tus sensaciones si además este agua que utilizas estuviese sucia y contaminada, siendo extensivo a tu entorno. Si mi primera acción nada más levantarme es  buscar un árbol que me tape para poder hacer mis necesidades o visitar una letrina sucia… Un total de 2.500 millones de personas carecen de acceso a instalaciones de saneamiento mejorado. De ellas 1.000 millones practican la defecación al aire libre; 9 de cada 10 viven en zonas rurales. Dado que es el agua el recurso utilizado para alejar los residuos, estos residuos viajan a lo largo del cauce, contaminando los ecosistemas en su camino. Las vías de transmisión de enfermedades por virus, bacterias y parásitos son múltiples y no están concentradas en el foco: los vectores son los encargados de transmitir y difundir la enfermedad alejándola de los focos de infección, por lo que todos nosotros estamos expuestos en mayor o menor medida.  Porque la primera causa mundial de muerte son las infecciones respiratorias siendo la segunda la diarrea, con 3.900 muertes de menores de 5 años al día, ambas íntimamente relacionadas con la presencia de aguas contaminadas. Los parásitos afectan a 2.000 millones de personas en el mundo, lo que incide directamente en su desarrollo vital.

Las desigualdades en el acceso mundial como a nivel de país son evidentes. Las inversiones en infraestructuras se dirigen a zonas urbanas, donde ya se concentra el 53% de la población mundial. Esto motiva el abandono del mundo rural en busca de una vida mejor en las ya problemáticas ciudades, familias que terminarán viviendo en barrios marginales.

Has experimentado el nexo agua – desarrollo humano. Es evidente que el acceso a agua potable segura, saneamiento e higiene hace que seamos personas sanas, mejorando nuestra vida conforme mejora su cobertura. Esta necesidad ha sido trasladada y reconocida como Derecho Humano.

El agua es también vínculo crucial entre el sistema climático, la sociedad humana y el medio ambiente. El uso y desarrollo sostenible de los recursos hídricos aumenta y multiplica los  beneficiarios del recurso, traduciéndose en prosperidad para la comunidad. La mejora de la calidad del agua a través de  la depuración de aguas residuales  y el control de los residuos minimiza el impacto en nuestro entorno lo que se traduce en ecosistemas protegidos. El cuidado de los ecosistemas, entendido como un lugar, y todos los seres vivos que lo conforman, se traduce en mayor estabilidad y menor riesgo ante los desastres naturales. Las comunidades se transforman en resilentes, característica muy importante para el entorno de cambio climático en que vivimos.

El agua es riqueza, por lo que la gobernabilidad del agua con instituciones y sistemas administrativos efectivos que fortalecen la administración local se traduce en sociedades equitativas promoviendo tanto la justicia social como el  medio ambiente.

El aumento de población, el aumento del consumo de agua, la problemática de la depuración y los residuos, la destrucción de los ecosistemas… Para 2025, dos tercios de la población podría vivir en países con escasez de agua según un informe de Naciones Unidas.

Es por todo ello que el decenio 2005 – 2015 ha sido para la ONU el Decenio Internacional para la acción “El agua fuente de vida”. En estos años se han experimentado una evolución favorable en los indicadores tomados como referencia, los desafíos continúan ya que todavía estamos ante una realidad difícil de tolerar. Los datos presentados lo confirman. Vivimos en un entorno de crisis ecológica global, donde el agua es vital, lo que nos exige un continuo compromiso como mayor coherencia en las acciones. Ideas e iniciativas de todos los actores, plataformas para compartir información y trabajar en conjunto… todas las propuestas y aportaciones son bienvenidas.

Empresas, mundo académico, gobiernos y sociedad civil en lucha conjunta por los Derechos Humanos, la igualdad y la sostenibilidad con los mismos mensajes y más acción son las propuestas base para la próxima agenda, puesto que el agua es ahora y más que nunca, fuente de vida.

Araceli Lozano Pulido, Área Sectorial de Agua de ONGAWA

Comienza la cuenta atrás. Cumbre del Clima, 23 de septiembre de 2014, Nueva York

“Los países más vulnerables son los menos capaces de protegerse a sí mismos. También son los que menos contribuyen a las emisiones mundiales. Si no se toman medidas, pagarán un alto precio por las actividades de otros’’. Kofi Annan

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El Secretario General de la ONU Ban Ki-moon ha invitado a los líderes del mundo, desde el gobierno, las finanzas, los negocios y la sociedad civil, a la Cumbre del Clima que se celebra este 23 de septiembre en la ciudad de Nueva York.

El objetivo de esta cumbre es fomentar la voluntad política y movilizar la acción para llegar a un compromiso más ambicioso sobre las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero, así como crear dinámicas que faciliten e impulsen los cruciales acuerdos que deberán negociarse durante 2015 en la 21ª Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático en París y en el proceso de negociación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible tras el vencimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Aunque esta Cumbre no forma parte del proceso de negociación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en ella  los Jefes de Estado y de Gobierno tendrán la oportunidad de anunciar nuevas medidas a nivel nacional relacionadas con sectores de especial relevancia en el cambio climático como la financiación, la eficiencia energética, las energías renovables, la adaptación, la reducción del riesgo de desastres y la resiliencia, los bosques, la agricultura, el transporte, los contaminantes climáticos de vida corta o las ciudades. También se espera el anuncio de iniciativas conjuntas de gobiernos, empresas y organizaciones de la sociedad civil que podrían acelerar la adopción de medidas ambiciosas en estos y otros ámbitos.

Durante la Cumbre se celebrarán cuatro sesiones temáticas que pretenden fomentar los debates de alto nivel sobre cuestiones fundamentales para las medidas en relación con el clima:

  • La ciencia del cambio climático.
  • Los beneficios colaterales que reporta a la sociedad la adopción de medidas para combatir el cambio climático.
  • Por qué la adopción de medidas en relación con el clima favorece a los negocios y al crecimiento económico.
  • Opiniones de los más afectados por el cambio climático: los jóvenes, los pueblos indígenas, los habitantes de los pequeños Estados insulares en desarrollo y las mujeres, entre otros.

¿Qué puede pasar en la Cumbre del Clima?

Existe el peligro de que las medidas políticas significativas sean sustituidas por meras declaraciones grandilocuentes de buenas intenciones. El año pasado, en la cumbre de Varsovia, varias ONG, entre ellas WWF, Greenpace y Oxfam, abandonaron las negociaciones por falta de compromisos de los países participantes. Con ello, querían llamar la atención a los ciudadanos para que exijamos a nuestros gobiernos que avancen hacia compromisos ambiciosos en materia de reducción de emisiones, financiamiento equitativo para los países en desarrollo más vulnerables y el impulso a un acuerdo climático global jurídicamente vinculante.

En este sentido, las encuestas muestran que los habitantes de países ricos ven el cambio climático como una amenaza mucho menos inminente que aquellos que viven en países en desarrollo. La crisis económica parece haber reducido el interés por los temas ambientales. Hay personas que incluso consideran el problema del cambio climático como de imposible solución, lo que, junto a los ambiguos mensajes que recibimos de los dirigentes políticos genera sensación de impotencia y confusión.

Sin embargo la opinión pública no es estática y poco a poco va cambiando; en la actualidad podemos encontrar coaliciones contra el cambio climático en las que se han congregado, además de organizaciones no gubernamentales, líderes de empresas,  instituciones de investigación y grupos religiosos, entre otros. El pasado fin de semana, 20 y 21 de septiembre, ha tenido lugar  una movilización climática a nivel mundial (“día de acción global”), bajo el lema “¡Acción, no palabras!”, que ha congregado a cientos de miles de personas para pedir que se tomen las acciones necesarias para crear un mundo con una economía al servicio de la gente y el planeta. En otras palabras,  un mundo que esté a salvo de los estragos del cambio climático.

En realidad, ¿a quién afecta el cambio climático?

El cambio climático, no nos engañemos, afecta a todo el mundo, pero sin duda serán los más pobres los que sufrirán las más graves consecuencias. Por tanto, la lucha contra  el cambio climático debe venir acompañada también de medidas para proteger a los más vulnerables de sus efectos, de fenómenos que, como las olas de calor, las malas cosechas, las inundaciones o las sequías, se están intensificando, poniendo en peligro vidas y hogares. Según la Organización Mundial de la Salud cada año mueren más de 150.000 personas como consecuencia directa del calentamiento global. Existe un consenso generalizado al afirmar que el cambio climático es la principal amenaza para lograr erradicar la pobreza.Tenemos que ser conscientes de que el cambio climático es un factor anulador de libertad de acción; los países más pobres presentan una mayor concentración de los riesgos inmediatos y estos riesgos afectan de manera desproporcionada a estos países que son más vulnerables al impacto del cambio climático. Paradójicamente, los más vulnerables son los menos responsables del problema. Entramos en un círculo vicioso, en donde las desigualdades y la pobreza se traducen en que los más pobres tienen menor capacidad para reducir los riesgos , minimizar los impactos del cambio climático y adaptarse al mismo. Existen multiplicadores específicos del riesgo, entre los que se encuentran:

  • Menor productividad agrícola.
  • Mayor inseguridad en el acceso al agua.
  • Mayor exposición a inundaciones costeras y condiciones climáticas extremas.
  • Colapso de los ecosistemas.
  • Mayores riesgos para la salud.

Estos cinco impulsores de importantes retrocesos en el desarrollo humano no se pueden considerar de manera aislada. Ellos interactuarán unos con otros y con los problemas de desarrollo humano preexistentes, lo que impulsará una poderosa espiral descendente de procesos dinámicos y acumulativos de desventaja y desigualdad. Un incremento del riesgo y la vulnerabilidad que conlleva inevitablemente la amenaza sobre los medios de vida, la salud y la seguridad de las personas.

Responsabilidades, acuerdos, ¿soluciones?

Todos los países deberán adaptarse al cambio climático y trabajar por su mitigación, y es responsabilidad de los países desarrollados no sólo la obligación de detener las prácticas perjudiciales sino también la de compensar los daños causados (responsabilidad histórica). Los países del norte deben liderar esta lucha contra el cambio climático que debe ser equitativa y apoyar a los países con menos recursos en su derecho legítimo a un desarrollo sostenible -que requerirá inevitablemente de medidas para adaptarse y para minimizar su vulnerabilidad al impacto del cambio climático. Esta adaptación deberá realizarse garantizando siempre el respeto, la protección y la promoción de los Derechos Humanos bajo los principios de no discriminación, equidad de género, participación y rendición de cuentas.

La Cumbre del Clima debe apostar con valentía por una agenda transformadora que afronte las causas estructurales del cambio climático y la desigualdad que provoca y apueste de verdad por medidas contundentes para su desaceleración. Un cambio en el modelo de crecimiento que implicará cambios radicales en el enfoque de las políticas agrarias,  energéticas o de transporte —por mencionar algunas— a nivel global, pero especialmente de los países industrializados.

La falta de acción, de metas claras de reducción y, en definitiva, de voluntad política, es preocupante. Por ejemplo, la  financiación actual para la adaptación al cambio climático es demasiado pequeña, lenta y fragmentada. Y una de las claves para estar a la altura del desafío de la adaptación, según el informe del PNUD del 2007, pasaría por fortalecer la cooperación internacional y la coherencia de políticas dado que las consecuencias del cambio climático las sufrirán en mayor medida los colectivos más desfavorecidos.

A finales de 2015 deberá establecerse un nuevo acuerdo que marcará objetivos en la reducción de emisiones, y en la asistencia a los países más pobres y vulnerables a adaptarse a los efectos ya en marcha del cambio climático. Acuerdo decisivo que debe tener suficiente altura de miras y encaminarnos hacia la decarbonización progresiva de las economías, apostando por una transformación del modelo de desarrollo y de los patrones de consumo actuales, superando las barreras que algunos están poniendo y que pretenden evitar un acuerdo vinculante y ambicioso de lucha contra el cambio climático.

La Cumbre de Nueva York debería ser el comienzo de un cambio de rumbo. Comienza la cuenta atrás.

Guadalupe Hernández (Área Sectorial de Agua de ONGAWA) y Miquel Escoto (Área Sectorial de Energía de ONGAWA).

“Tú ya sabes lo suficiente. Yo también lo sé. No es conocimiento lo que nos falta. Lo que nos falta es el coraje para darnos cuenta de lo que ya sabemos y sacar  conclusiones”. Sven Lindqvis

8 mensajes básicos sobre agua y energía

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Hace unas semanas mi compañero Leopoldo escribía en este mismo blog sobre el World Water Report 2014 de Naciones Unidas. Para los que no tengáis tiempo para leer sus más de 200 páginas, tenéis disponible el resumen ejecutivo que comienza con ocho mensajes básicos sobre agua y energía que creo que es imprescindible que estén en este blog.

Son los siguientes:

  1. La demanda de energía y agua dulce se incrementará significativamente en las próximas décadas. Este incremento presentará grandes retos y presión sobre los recursos en casi todas las regiones, especialmente en los países en desarrollo y las economías emergentes.
  2. El suministro de agua y energía son interdependientes. Las decisiones adoptadas en un sector influyen en el otro, para bien o para mal.
  3. Los responsables políticos, planificadores y profesionales pueden tomar medidas para superar las barreras que existen entre sus respectivos sectores. Unas políticas nacionales innovadoras y pragmáticas pueden conducir a una prestación más rentable y eficaz de los servicios de agua y energía.
  4. El precio de los servicios de energía y agua puede reflejar de mejor manera el costo de suministro y los impactos sociales y medioambientales sin socavar las necesidades básicas de los pobres y los desfavorecidos.
  5. El sector privado puede desempeñar un papel más importante en la inversión en infraestructuras de agua y energía, su mantenimiento y operación.
  6. Resulta esencial la participación del sector privado y el apoyo gubernamental a la investigación y al desarrollo de fuentes de energía alternativas, renovables y que requieran un menor uso de los recursos hídricos.
  7. El agua y la energía constituyen el núcleo del desarrollo sostenible y necesitan ser reconocidas como tales.
  8. Las decisiones sobre reparto, asignación, producción y distribución de agua y energía tienen importantes implicaciones sociales y de equidad de género. La gestión del agua y de la energía debe ser sensible al género.

Como veréis, y como indica el propio resumen ejecutivo, “el agua y la energía están estrechamente vinculadas y son altamente interdependientes. Las decisiones tomadas en un sector tienen consecuencias directas e indirectas para el otro, positivas o negativas. La cantidad de agua necesaria para la producción depende de la forma de energía que se desea producir. Al mismo tiempo, la disponibilidad y localización de los recursos de agua dulce determinan la cantidad de agua que puede ser asignada para la producción de energía. Las decisiones concernientes a la gestión y el uso del agua y a la producción de energía pueden tener entre sí un impacto significativo, heterogéneo y de amplio alcance, que con frecuencia conlleva repercusiones tanto positivas como negativas”.

Aunque, como os digo, el resumen está disponible en internet, no quiero dejar este post sin compartir un par de párrafos sobre el vínculo entre agua y energía y desarrollo, que es a fin de cuentas de lo que hablamos desde hace varios meses en este blog.

El agua dulce y la energía son cruciales para el bienestar humano y el desarrollo socioeconómico sostenible. Hoy en día se reconoce ampliamente su importancia para progresar en todas las categorías de los objetivos de desarrollo. Las crisis regionales y mundiales —climáticas, de pobreza, hambre, salud y finanzas— que amenazan el sustento de muchos, especialmente de los 3 mil millones de personas que viven con menos de 2,50 USD al día, están interrelacionadas con el agua y la energía.

A nivel mundial, se estima que unos 768 millones de personas siguen sin acceso a una fuente mejorada de suministro de agua —aunque algunas estimaciones cifran el número de personas cuyo derecho al agua no está cubierto en 3,5 mil millones — y 2,5 mil millones permanecen sin acceso a saneamiento mejorado. Más de 1,3 mil millones de personas todavía carecen de acceso a la electricidad, y aproximadamente 2,6 mil millones utilizan combustibles sólidos (principalmente biomasa) para cocinar. El hecho de que estas cifras suelen representar a un mismo colectivo evidencia la estrecha relación existente entre las enfermedades respiratorias causadas por la contaminación del clima interior, y la diarrea y otras enfermedades transmitidas a través del agua, causadas por la falta de agua potable y saneamiento.

Jorge Castañeda Pastor, Responsable de Campañas y Comunicación Externa de ONGAWA

La increíble relación entre agua y energía

Imagen de Naciones Unidas – Día Mundial del Agua 2014

El agua, recurso muy importante y escaso, y la energía, consecuencia de transformaciones que se realizan en la materia ya sea de forma natural o a partir del uso de la tecnología, están estrechamente relacionadas e interconectadas. Así lo reconocía la ONU al dedicar el pasado Día Mundial del Agua a concienciarnos sobre la necesidad de mejorar la eficiencia y la sostenibilidad del acceso al agua y a la energía.

La energía forma parte de los procesos vitales de todos los seres vivos y nos suministra calor, y el agua es un bien imprescindible para la vida y no viviríamos si alguna deja de suministrarse. La principal fuente de energía de las que disponemos es el sol y es gracias a su energía por la que el ciclo del agua se dinamiza y materializan las lluvias. Además disponemos de numerosas necesidades adicionales que son saciadas por las manifestaciones de la energía en forma de energía útil: la energía mecánica nos permite desplazarnos, la energía térmica participa de los procesos industriales además de calentarnos, la energía eléctrica interviene en múltiples facetas de nuestra vida, la energía electromagnética mejora la comunicación y la información, y con la energía química obtenemos alimentos, nuevas sustancias para la higiene, salud, productos básicos y bienes de consumo, etc.

En este sentido, el aumento de la energía consumida en el mundo ha sido de un 72% entre 1980 y 2008. Y crece de forma cada vez más rápida, procediendo el 79% de combustibles fósiles.

Este incremento lleva parejo un consumo de agua realizado en todos los procesos de producción de energía, desde su suministro hasta su consumo como energía útil. La extracción y lavado de minerales generan importantes cantidades de metales pesados, materiales radiactivos, y compuestos orgánicos altamente contaminantes, además de diferentes productos químicos, que son trasladados al agua y si no son tratadas, a los cauces receptores, lo que tiene impactos sobre el acceso al agua.

Además, los combustibles fósiles suelen estar localizados geográficamente alejados de los puntos de consumo. Esta deslocalización de los recursos de su punto de consumo y la fuerte dependencia de la economía de los países desarrollados de los recursos fósiles los convierten en recursos que han de transportarse a alejados puntos de consumo. Este hecho provoca importantes problemas de contaminación, afectando nuevamente al agua, ya que se calcula que unos 5 millones de toneladas al año de petróleo son vertidas al mar, procediendo un 10% de accidentes de buques petroleros.

Los procesos de generación de energía útil también requieren de grandes cantidades de agua, ya sea movilizando un flujo de agua o del vapor producido al calentarla para generar energía, o para el control de la temperatura de las propias instalaciones dependiendo el proceso elegido: energía nuclear, hidroeléctrica, térmica,…

Por su parte, el acceso al agua requiere energía para su tratamiento, distribución y depuración. Se estima que el 8% de la energía mundial se destina al bombeo, tratamiento y transporte de agua.

Además, hay que poner de manifiesto que el 90% de las aguas son vertidas a los cauces sin tratar siendo este el principal problema de salud mundial que debemos de atajar. Es necesario, por tanto, hablar de nuestros residuos, puesto que cuanto mayores sean los vertidos, mayores serán las necesidades de energía y los costes para el tratamiento de estas aguas.

En la actualidad, concluimos este post, el consumo de agua y energía es sinónimo de  la pujanza de las sociedades, su evolución y su desarrollo, que puede resumirse en aumento de la calidad de vida. Sin embargo, esto es una realidad para todo el mundo ya que existe una gran desigualdad en la distribución de los consumos de agua y energía, no sólo entre las distintas regiones del mundo, sino también en el seno de los propios países y de las mismas ciudades y la presencia de combustibles y recursos no es sinónimo de bienestar social si el acceso no es equitativo. Uno de los ejemplos más claros está en Nigeria, donde pese a tener importantes reservas de petróleo y gas, el 80% de la población consume biomasa tradicional, y la extracción no sostenible y los vertidos accidentales son los responsables del estado de sus aguas, agravando la situación de los Derechos Humanos y el medio ambiente de la zona

A nivel global el 39% de la población mundial todavía utiliza la biomasa tradicional para cocinar y calentarse, siendo esta la única fuente disponible que pueden permitirse. El hervido de agua sigue siendo para muchas familias el único medio para poder consumir agua de calidad. Para los más vulnerables, el acceso a estos servicios básicos es aún uno de los puntos clave para reducir la pobreza y alcanzar el progreso con la cobertura de sus necesidades básicas.

Para contribuir a ese objetivo tenemos que repensar el concepto de desarrollo al que debemos incorporar la realidad del cambio climático y sus consecuencias globales. Tenemos, por ello, como desafío equilibrar unos recursos limitados con unas demandas crecientes acordes con la realidad de cada país y de sus recursos, apostando por el ahorro y la sostenibilidad.

Y en este sentido, debemos, cerrando el círculo, tener muy presente nuestro consumo, muy especialmente de energía, y nuestras emisiones ya que afectan a todo el planeta. Somos los principales responsables de todo lo que ocurre en él, comenzando por el cambio climático.

El cambio hacia un mundo más sostenible, por tanto, comienza por uno mismo y son muchas y variadas las formas en las que podemos contribuir a un mundo mejor por y para todos. Pongámonos en movimiento para luchar contra el cambio climático y asegurar el acceso universal al agua y la energía. ¡Actúa!

Araceli Lozano y Alma Migens, voluntarias del Área de Agua de ONGAWA

Informe de la ONU sobre agua y energía

Pages from 225741ECon motivo del pasado Día Mundial del Agua, la ONU lanzó el quinto informe World Water Development Report (WWDR), que en 2014, por primera vez, ha sido un informe anual.

Este año, coincidiendo con la temática del Día Mundial del Agua, se ha enfocado al agua y la energía, con el objetivo de aportar información de cara a la confección de los objetivos de desarrollo post – 2015.

El informe resalta la fuerte interrelación entre estas dos áreas, señalando que la escasez de una determina en gran parte la escasez de la otra y viceversa; de ahí la necesidad de buscar sinergias en la planificación e implementación de políticas y acciones en ambas.

Pero también avisa de que pueden entrar en conflicto. Un claro ejemplo es la producción de agrocombustibles, que puede detraer grandes cantidades de recursos hídricos que pueden afectar a otros usos, como el abastecimiento humano. Otra muestra es la producción de energía eléctrica en centrales térmicas que consuman mucha agua, o la minería del carbón o del gas (fracking). En este ámbito, se destacan positivamente la energía eólica y fotovoltaica como energías renovables que no consumen agua.

La ONU destaca la diferente consideración normativa que tienen agua y energía. Mientras que la primera es considerada como un bien público y el acceso a agua potable un derecho humano, no suelen aplicarse estos conceptos a la energía. Ésta mueve enormes sumas de dinero, más incluso que el agua, y presenta grandes atractivos económicos y geopolíticos.

El informe está dividido en  seis capítulos, y cuenta con numerosa y valiosa información para comprender mejor la interconexión e interdependencia entre el agua y la energía. Hablamos de ámbitos con una clara repercusión sobre el desarrollo humano, y con enormes retos pendientes: 768 millones de personas siguen sin acceso a  agua potable, y 1.300 millones no tienen acceso a la electricidad. Y en muchos casos la falta de acceso a ambos recursos se produce en las mismas regiones y en las mismas personas.

Las previsiones indican que la demanda de agua crezca un 55% hasta el año 2050, y que la demanda de electricidad crezca un 70% hasta el año 2035. Este último crecimiento se producirá en países no pertenecientes a la OCDE  y más del 50% corresponderá a China e India.

Antes esta situación, el desafío es enorme, aunque factible. Se trata de afrontar ambos retos de forma coordinada y coherente, haciéndolos además compatibles con la lucha contra el cambio climático. El volumen  2 del informe, Facing  the  Challenge, presenta una serie de proyectos que cumplen estas condiciones, y que pueden dar algunas ideas respecto a cómo intervenir para conseguir que el acceso al agua y a la energía sea una realidad para todo el mundo.

Leopoldo Antolín, Área de Energía de ONGAWA.